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“Hay un regreso al lirismo tras tanta música cerebral”
Máximo Flügelman
Periodista: ¿Cómo y cuando nació su «Concerto breve»?
Máximo Flügelman: Como suele suceder cuando un compositor admira la obra de uno de los grandes de la música, en mi caso, el «Quinteto» de Dmitri Shostakovich, surge una urgencia creativa «en tercios», entre imitar, competir, y el jactancioso afán de superar. Así nació mi propio «Quinteto para piano y cuerdas», obra de juventud, y la primera en ingresar al catálogo de la antigua casa Carl Fischer, mis editores neoyorkinos. Mi «Concerto Breve» es pariente cercano de este «Quinteto»: uno de mis profesores de la Juilliard School, John Corigliano, observó años después del estreno del «Quinteto» en Nueva York que en su arquitectura de tres movimientos (vivaz-lento-vivaz) y en la parte de piano, virtuosística y declamatoria, existía el germen de un concierto para piano y cuerdas. Tomé el desafío lanzado por este compositor y amigo, y es esta la génesis de mi «Concerto Breve».
P.: ¿Es la búsqueda de un lenguaje propio una preocupación para usted? ¿Siente pertenencia a alguna «escuela» o tendencia compositiva?
M.F.: Algunos críticos, afectos a las etiquetas inscriben mi lenguaje musical dentro de la llamada estilística neo-romántica. Pero al menos hasta hoy nunca fui tildado de imitativo, o de no haber encontrado mi voz. Hace algunos años, en un café de Belgrano, esperando el inicio del ensayo general de mis «Diálogos para Orquesta» por la Sinfónica Nacional, saludé a Gerardo Gandini, quien me dijo: «Su partitura es post-moderna». Me parece atinada esa categorización, pues después de varias décadas de música aséptica, cerebral, a veces alienante (años 60 y principios de los 70) ha ocurrido una liberación y una aceptación del lirismo y eclecticismo en el discurso musical. ¡Esta tendencia ha vuelto a acercar a los compositores a sus oyentes!
P.: ¿Cuál es su percepción del ambiente de la música académica argentina actual?
M.F.: Es una reflexión melancólica, pero estimo que los compositores argentinos contemporáneos con mayor proyección internacional viven, en general, en el exterior. En la Argentina, la música nueva sufre en general del síndrome del estreno al que no le siguen otras ejecuciones. Los organismos sinfónicos del país están comprometidos con la difusión de la música argentina, pero más allá de los estrenos, no es frecuente que en años subsiguientes, la misma orquesta u otra retome una obra que ya ha tenido su momento bajo el sol. En algunos países existen encargos consorciados entre varias orquestas: este enfoque permite que una obra nueva sea ejecutada por los varios organismos auspiciantes. ¿Una idea para pensarla aquí?
P.: ¿Qué diferencias advierte (a nivel artístico y económico, dada su formación y experiencia también en ese campo) entre el medio musical argentino y el norteamericano?
M.F.: En los Estados Unidos el mecenazgo conlleva ventajas fiscales para los donantes, y el resultado es notable: varios privados ofrecen encargos en condiciones generosas para el compositor; fundaciones y hasta las mismas orquestas auspician concursos de composición, etc. La multitud de orquestas sinfónicas de buen nivel es otro factor diferenciante y multiplicador de oportunidades; diría que en cada ciudad de más de 200.000 habitantes en Estados Unidos, existe una orquesta. ¡Y hay muchas ciudades en los 50 estados!
Entrevista de Margarita Pollini


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