20 de febrero 2019 - 00:01

"Hay una moda del estudio del cerebro y eso genera excesos"

En "La ciencia es eso que nos pasa mientras estamos ocupados haciendo otras cosas", el autor realiza un enfoque aplicado a la vida cotidiana.

Mordaz. Los cíborgs no ganarán a los humanos porque están programados por ellos. Eso no es bueno, porque los humanos no son buena gente.
Mordaz. "Los cíborgs no ganarán a los humanos porque están programados por ellos. Eso no es bueno, porque los humanos no son buena gente".

“Busqué contar como se mezcla la ciencia con la política, la imaginación, el amor, el sueño, la vida diaria” dice Diego Golombeck sobre “La ciencia es eso que nos pasa mientras estamos ocupados haciendo otras cosas” (Siglo Veintiuno), un libro divertido, entretenido, por momentos deslumbrante. Golombeck es doctor en Biología (UBA), profesor universitario, tiene en la Universidad de Quilmes su Laboratorio de Cronobiología. Participó en la creación del Centro Cultural de la Ciencia en el ex Ministerio de la Ciencia. Condujo los programas de televisión “Proyecto G” y “El Cerebro y yo”. Ha publicado una decena de libros, entre ellos “Neurociencias para presidentes”, “Las neuronas de Dios”, “Cavernas y palacios”, y dirige la premiada serie de libros “Ciencia que ladra”. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Su libro es una enciclopedia portátil de lo que ocurre hoy en la ciencia?

Diego Golombek: Hay algo de eso, y de mis obsesiones. Es un recorte de la ciencia muy aplicado a la vida cotidiana. Busqué separar la investigación profesional, lo que hacen los científicos y publican papers, de la ciencia como inquietud, como pregunta, como curiosidad, que está presente en un café, en el colectivo, en donde sea, de ahí que “La ciencia eso que nos pasa mientras estamos ocupados haciendo otras cosas”.

P.: Por ejemplo en la política.

D.G.: En la doctora en química cuántica Ángela Merkel, la química Margaret Thatcher, el ingeniero nuclear Jimmy Carter, y alguno que mejor no recordarlo. La formación del científico le da una mirada experimental sobre todo, sobre tratar de entender el mundo racionalmente, no exento de subjetividad, que le da la posibilidad de pensar, hacer experimentos, escuchar y cotejar opiniones. Eso es muy aprovechable en la política pública, y es raro que se aproveche. Es raro que la política requiera los servicios de los científicos más allá de su metiér. Pienso que los científicos tenemos que involucrarnos más en la vida pública ya que nuestra formación nos da un panorama que nos permite ayudar a resolver problemas. En ciencia, con el falsacionismo de Popper, aprendemos a ir contra lo que creemos, tratamos de demostrar que lo que creemos es falso. Es cierto, va contra lo intuitivo, pero aplicar eso a la política daría una fortaleza enorme. En Teoría de la Mente está la idea de meterse en la cabeza del otro. Si se piensa que las políticas públicas tienen un actor, meterse en su cabeza es saber si se está haciendo lo que él demanda, si estará de acuerdo con lo que se va a proponer.

P.: La mente es un tema que hizo explosión en las últimas décadas.

D.G.: Hay una explosión y hasta una moda del estudio del cerebro, y como en toda moda se producen excesos. Ocurre que en los últimos veinte años aprendimos más sobre el cerebro que en todo el pasado. Ahora contamos con tecnología que nos permite ver un cerebro desde afuera, cuando está sintiendo o pensando algo, cosa que antes no se podía. Es fascinante porque no es cualquier ciencia, es la ciencia de nosotros mismos. Es entender por qué hacemos lo que hacemos. Y que la mente, con todo lo compleja que es, es una propiedad emergente de la materia. Es una organización particular de la materia que genera lo que se llama mente. Y por ser materia lleva a trabajar para comprenderla cada vez más. Ya no va el dualismo de que por una parte está el cuerpo, la matera, y por otro la mente, el espíritu. Y eso no hace menos bello, menos mágico, menos complejo a nuestro ser.

P.: Conjuntamente se desarrolla la inteligencia artificial.

D.G.: La tecnología ha permitido que tengamos una cantidad de datos tal que no nos entran en la cabeza, y necesitamos que las máquinas, los robots, las computadoras nos ayuden. Esas máquinas por el camino van aprendiendo y se van enseñando a ellas mismas, eso es la inteligencia artificial. Hay gente muy preocupada, hablan de singularidad, de que cuando las máquinas nos superen en varios frentes van a hacer lo que se les cante. No estoy de acuerdo. Las computadoras nunca hacen lo que uno quiere que hagan sino lo que uno les dice que hagan. Están hechas así. Y surgen problemas morales que nunca nos imaginamos. Los autos sin conductor, conducidos por un robot, van a andar bárbaro. Frente a un choque saben que deben doblar violentamente a un lado para salvar al pasajero. Pero si de ese lado viene un ciclista se presenta un dilema moral muy complicado para humanos y mucho más para una computadora. Habrá que alimentarla con datos para que esos dilemas morales dañen lo menos posible. No es imposible hacerlo, es muy complejo. Soy optimista. No soy de la escuela “se nos viene la noche”. Los cíborgs no van a ganar a los humanos porque van a estar programados por humanos. Eso no es necesariamente bueno, porque lo humanos no son buena gente...

P.: ¿Pasaremos de humanos a dioses como lo supone Yuval Harari?

D.G.: No lo necesitamos. En el Laboratorio de Cronobiología, biología del tiempo, estudiamos un pedacito del cerebro que mide el tiempo y le dice al cuerpo qué hora es, es el reloj biológico. Allí trabajo, entre otras cosas, con unos gusanitos, fue el primero del que se conoció el genoma completo, por lo tanto se lo puede manipular. Hay ciertos genes que si se cambia el gusano viven siete veces más. Pero decir que viven es demasiado, duran. A qué costo sería eso de vivir eternamente. Lo real es que la esperanza y la calidad de vida ha aumentad muchísimo. Steve Pinker dice que toda época se siente especial, y ésta se caracteriza por decir que es la peor época del mundo, pero si vemos datos concretos es todo lo contrario. Cuándo hagamos una afirmación veamos antes qué datos la sustentan. Nos cuesta ver las cosas en perspectiva.

P.: ¿En qué está trabajando ahora?

D.G.: En un libro que será el próximo: “La ciencia de las ideas”, ofrecerá la base científica de las ideas y la creatividad contra las teorías de gurús y otros farsantes.

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