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Haz tu camino
Imparte justicia. Marcos decidió devolverle al rugby todo lo que le dio a través del referato. Con apenas 19 años, ya es árbitro de la URBA.
Amor familiar, fortaleza mental, perseverancia de líder y mucha paciencia le permitieron primero volver a caminar con normalidad y luego hacer una vida relativamente común. Pero la lesión había dejado una secuela: no más rugby, por siempre. Para quien jugaba al rugby desde los siete años, eso tuvo un impacto importante.
Sin embargo, a medida que avanzaba con la kinesiología, avanzaba el deseo de seguir en el rugby porque es su pasión irremediable.
Así, entonces, habló con Walter -su papá- y le dijo que quería ser árbitro.
Y como un pack de forwards indomable, la familia y Marcos avanzaron para que ese deseo se pudiera hacer realidad.
Tres años exactos después de su lesión -quiso el destino que fuera ese mismo día- un miércoles 27 de junio pero de 2012 recibió el llamado telefónico que le cambiaría la vida para siempre: Marcos, vas a ser árbitro el próximo sábado.
Difícil -relatan- es transmitir con palabras las emociones que la familia Roetto vivió ese día.
Ansioso, Marcos fue a retirar su ropa de árbitro, su silbato, recibió las últimas indicaciones y esa distancia entre el miércoles a la noche y el sábado siguiente se le hizo eterna: Estaba tranquilo, pero a la vez estaba también impaciente, alterado, dice Marcos, un chico que ni por casualidad parece de 19 años. Habla, se mueve y se mani-fiesta con enorme madurez, centrado, atento... nunca hubiera podido hacer nada de esto sin mi familia, sin mis amigos, sin el club y sin la URBA, que me apoyaron y me incentivaron en todo momento a nunca bajar los brazos, cuenta en diálogo con alRugby.com.
Walter -el papá que es todo amor y orgullo- rememora que no sé... quisiera saber qué fue lo que nos puso hoy acá. El destino y la fe, seguramente..., dice entre carrasperas que denotan esa emoción contenida que necesita salir y que contagia a este cronista, tratando de comprender aunque sea mínimamente lo que han sido estos últimos tres años en la vida de los Roetto.
Tenía y tengo que devolverle al rugby lo que el rugby me dio y me da todos los días. Yo siempre lo sentí así y ahora además, con la responsabilidad de arbitrar ense-ñando, que es algo para lo que me preparé mucho y que quiero hacer por muchos años, asegura con firmeza.
Dice que admira a Allan Rolland -el gran árbitro irlandés- que fue quien dirigió la final del último Mundial y que le gustaría hacer el mismo camino que están haciendo hoy Francisco Pastrana y Federico Anselmi, trabajando mucho para llegar al más alto nivel arbitral posible.
AlRugby.com estuvo acompa-ñando a Marcos en su segundo partido como árbitro oficial (entre las Menores de 15 A de San Martín y San Andrés). Se lo vio con aplomo, siempre cerca de las jugadas y con mucha vocación docente. Tras el encuentro, el evaluador de la ARURBA lo felicitó y lo aconsejó en algunos detalles para mejorar. Sí, aún me estoy acostumbrando a estar pendiente de todo lo que pasa en la cancha. Requiere de mucha atención, dice sin olvidar que sólo tiene 19 años y que ya está como árbitro oficial.
La lesión es un recuerdo. La tengo presente, pero no dejo que me bloquee. Sé que estoy caminando de casualidad y que hoy podría estar en una situación completamente diferente, pero gracias a Dios, a mi familia, a los médicos hoy puedo estar acá, agregó.
Hoy Marcos vive intensamente cada momento. Su familia, también. Son agradecidos. Sin embargo, hoy, todo les importa un pito, un silbato, o como le quieran decir. Hoy, la familia Roetto sigue atrás de la ovalada gracias al amor de su hijo Marcos -el árbitro- con el deporte y de ellos hacia Marcos.
Amor, perseverancia, pasión y rugby. Cuatro palabras unidas de manera indisoluble.


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