Heart: el gran fracaso de los hermanos ADRIÀ

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San Sebastián Gastronomika es uno de los eventos culinarios más importantes del globo. Allí debaten los mejores exponentes de la gastronomía sobre productos, tendencias y preocupaciones del mercado.

Pero la gran novedad de la 17ª edición del evento, que convocó a 1.524 congresistas de 37 nacionalidades, fue la declaración de Albert Adrià, que reconoció, por primera vez en público el fracaso del restorán HeArt, proyecto que demandó nueve millones de dólares de inversión y que puso en sociedad con su hermano Ferran y en colaboración con el Cirque du Soleil, en Ibiza.

"No pasa nada, de los errores se aprende", afirmó Adrià, quien mostró el emprendimiento como un modelo de fracaso empresarial. El espacio funcionó sólo durante cuatro meses, para reabrir en primavera, con cambios "aprendidos de nuestros errores", reconoció Adrià y fue más específico aún: "El primer mes fuimos incapaces de dar ritmo y garantizar una buena bienvenida al cliente. Hicimos una mala gestión de reservas y, a nivel gastronómico, no hemos hecho nada diferente. Necesitaremos dos años más", admitió, aunque destacó que a pesar de ello, "haremos algo nunca visto en gastronomía".

ESPECTÁCULO CULINARIO

Mas allá del triunfo o -en este caso- del fracaso del restorán, es indudable que la fusión del creador del Cirque du Soleil, Guy Laliberté, con los Adrià ha generado un lugar diferente, inaccesible para casi todos los humanos por los altos costos, aunque es imposible conseguir una mesa y la lista de espera es interminable (algo similar sucedía con El Bulli). El propio Ferran Adrià lo definía de la siguiente manera: "HeArt es un sueño. Es un cambio de paradigma en el mundo del ocio, la gastronomía y el arte. Yo conozco el mundo y no conozco nada igual".

Al mando del HeArt está el ex Bulli Rafael Zafra, que vuelve a España acudiendo al llamado de la familia Adrià para liderar un proyecto que no tiene antecedentes en el mundo. Ciento cincuenta cubiertos ejecutados por 80 chefs cada noche en el restorán.

Una vajilla artística diseñada en exclusiva con un costo de 80.000 euros. Una idea clara de compartir platos, de fomentar la conversación, de dar un carácter desenfadado que confluya en una actitud abierta para dar paso a pequeñas performances que discurren paralelamente a la degustación. Espectáculo puro en la presentación de cada plato.

El proyecto llevaba en la cabeza de sus creadores nada menos que doce años. Tiempo suficiente para barajar varios emplazamientos. Se pensó en Nueva York e incluso en un hotel en Polinesia, pero al final el proyecto se quedó en Ibiza, isla que recibió en 2014 2,7 millones de turistas, un 13% más, según el Instituto Balear de Estadística, que igual período de 2013, con un incremento de visitantes nacionales del 11%.

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