11 de abril 2018 - 00:16

Hechos traumáticos como el germen de buenas ficciones

• DIÁLOGO CON MARIANA TRAVACIO SOBRE SU LIBRO "CENIZAS DE CARNAVAL"
La autora es psicóloga forense y ha publicado textos sobre su especialidad. En su literatura se vale de determinadas imágenes fuertes, vinculadas por lo común a sucesos trágicos, como el punto de partida de un relato.

Travacio. “Escribir es salir de mero goce para abrochar algún sentido”.
Travacio. “Escribir es salir de mero goce para abrochar algún sentido”.
"Enciendo fosforitos para alumbrar un abismo y poder ir paso a paso hasta el final, así surgen mis cuentos", explica Mariana Travacio, que acaba de publicar "Cenizas de carnaval" (Tusquets). Nacida en Rosario, pasó su infancia en San Pablo, Brasil. A los 17 años se instaló en Buenos Aires para estudiar en la UBA. Es licenciada en psicología, profesora de psicología Forense (UBA) y magister de Literatura Creativa (UnTreF). Ha publicado "Manual de psicología forense" (Eudeba), y en ficción los cuentos "Cotidiano" y la novela "Como si existiera el perdón". Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Buscó en "Cenizas del carnaval" capturar la atracción de lo morboso?

Mariana Travacio: Estos cuentos surgen de una escena, de algo que me conmovió. Roberto Bolaño decía que el escritor que aborda los cuentos de uno en uno corre el riesgo de escribir el mismo cuento hasta su muerte. Yo parto de imágenes, de postales que contienen una historia posible. Al desplegarla voy descubriendo, trato de descifrar lo que me impresionó de esa imagen, lo que me resultó inquietante. Borges decía que la realidad es incomunicable y atroz. Cuando se trata de narrar lo que es parte del mundo real, y uno quiere aprehender y traducir en palabras, siente que en la escritura algo se pierde, que hay algo que es incomunicable, una inquietud a que queda flotando y que el lector receptivo acaso advierta.

P.: Para escribir un cuento: ¿sale de un mapa o se lanza a la intemperie?

M.T.: Mi forma de escritura es abismal. Parto de hilachas que me conmovieron, que han persistido, y me llevan a una trama. "Cenizas de carnaval", el cuento que inaugura el libro, parte de dos hechos que conocí al mismo tiempo: la muerte de una prima de mi madre, que muere al día siguiente de la muerte de su marido, y la muerte del abuelo de un amigo mío, que muere al día siguiente de esparcir las cenizas de su mujer en un río. Es el impacto de muerte de los miembros de dos parejas con apenas horas de diferencia. Dejé de lado lo biológico que explica por qué un cuerpo se apaga, y me planteé lo que trasciende la ciencia; pensé en esa capacidad humana de decir basta y bajar la térmica. No encontraba la forma de narrar eso. Escribí siete versiones con siete narradores distintos. No encontraba la forma de dar cuenta de ello. Más que ver la luz al final del túnel voy prendido fosforitos para ir dando pasos en la oscuridad, en el abismo. Marguerite Duras dijo: si supiéramos lo que vamos a escribir antes de hacerlo no valdría la pena escribirlo. La escritura para mí es lenguaje, ritmo, cadencia y descubrimiento. Escribir es salir de mero goce para abrochar algún sentido.

P.: Ese cuento es la envidia de un amor que perdura hasta el fin.

M.T.:
El narrador se pregunta: me haré querer en la muerte, ya que no puedo hacerme querer en vida. Para mí el mundo se divide entre los que van caminando en la vida con más o menos consciencia de finitud, y los otros. Pessoa dice: hay en algunos ojos humanos el indicio inequívoco de que hay conciencia. Ese jefe que se enfrenta a un empleado que desprecia, ese que debe explicar su ausencia a un día de trabajo y que para justificarse le cuenta algo que lo sacude. Creo que en los cuentos de "Cenizas de carnaval" hay una galería de preguntas en torno a las formas de morir como retratos de formas de vivir. Buscaba indagar en formas de la ausencia, en los vacíos existenciales, y las formas de sobreponerse frente a esa soledad última, desde lo adaptativo a lo insensato, de la revancha vengativa al acomodo en lo siniestro. En "Entre gardenias", el relato final, hay canibalismo familiar, social. Es una fagocitación de uno a otro. La madre se fagocita a la hija engordándola, la hija se fagocita a la madre al no escuchar un pedido desesperado. Esa mujer terminará como empleada de un servicio de inteligencia, despreciada por su padre. Alguien me dijo que lo mío era un realismo afantasmado, que estiraba los hilos de la realidad hasta las fronteras.

P.: "Certeza de lo inmóvil" bordea lo gótico.

M.T.: Ese hombre que quiere que no le muevan las cosas me llevó a un personaje complejo, muy interesante de explorar. Su horror final me termina dando compasión. Hay en los cuentos vínculos fracasados, acaso sea una oda al fracaso de lo humano.

P.: Varios de sus cuentos parecen haber salido de casos clínicos, ¿eso tiene que ver con ser psicóloga forense?

M.T.: No, sólo a veces salen de un dato teórico o de la práctica. En general, por no entrar en la repetición, surgen de lo que me sorprende. En "Matriz", junto a la historia de esa madre que impone a sus hijos una limpieza extrema, hay un caso psiquiátrico narrado de modo secundario. El de una mujer que cree que tiene serpientes en la panza, y en el hospicio fingen que la operan y se las sacan. Ella está feliz, hasta que aparece brotada y les dice: doctores, se olvidaron los huevos adentro. Iba a contar eso y me salió otra cosa: el desamor, las matrices fallidas, el vínculo como puro engranaje, las extirpaciones imposibles.

P: Y ahora, ¿en qué anda?

M.T.: Estoy terminando una novela, y en mitad de otra, en relatos porque como se me aparecen todo el tiempo y no puedo permitirles que se escapen.

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