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Hidrocarburos: las dudas del proyecto fiscal
La actual discusión sobre las modificaciones a la legislación petrolera parece bien encaminada en algunos aspectos, como el de tratar de brindar cierta estabilidad tributaria. Pero deja grandes lagunas y dudas en ciertos puntos críticos o problemas. Uno de ellos es heredado y tiene que ver con la combinación particular que existe entre la configuración legal-institucional y los instrumentos elegidos para captar la renta petrolera. El esquema al que la Argentina se encamina acepta a las regalías (que son un impuesto porcentual sobre el valor de la producción) como el único instrumento para captar la renta petrolera. Ahora, el problema es que las regalías son de exclusivo dominio de las provincias. Eso dispara la pregunta ¿Cómo piensa la Nación apropiarse y distribuir en el resto del país la renta petrolera? Si esta pregunta no se responde explícitamente, entonces estamos frente a un potencial vacío institucional que puede generar una insostenibilidad del régimen fiscal. Si la sociedad argentina descubre, en una explotación exitosa de Vaca Muerta, que estos recursos son efectivamente cuantiosos y que los dividendos para la sociedad son menores a los esperados ¿que detiene la puja distributiva por alterar el statu quo que presupone que la provincia de Neuquén se hace rica en un país con varios conurbanos paupérrimos? Los impuestos, convencionales o extraordinarios, como el Impuesto a las Ganancias no son idóneos. Y pensar en YPF como instrumento de captación de renta es insostenible, porque YPF es una empresa mixta, no es el Estado. La Argentina no tiene, como en caso boliviano regalías provinciales y nacionales que permiten manejar mejor la distribución regional de las ganancias.
Pasado este tema no menor vamos a los instrumentos. Desde el punto de vista del estado concedente hay que elegir los instrumentos adecuados para captar la renta distorsionando lo menos posible los incentivos a invertir y evitando comportamientos oportunistas en la licitación, en particular el problema del llamado "low balling" por el cual la empresa ofrece condiciones muy ventajosas sabiendo que no podrá cumplirlas y apostando a cambiarlas más adelante en una negociación bilateral sin presión de los competidores. Además debe tenerse presente que las áreas tienen un potencial y costos que difieren y que los mismos son muy inciertos. En otras palabras hay áreas posiblemente mucho más interesantes (rentables) que otras para el inversor y es necesario tener un esquema flexible que permita tratarlas diferente. Es decir que uniformar los instrumentos luce bien como regla simple y transparente o para evitar discrecionalidad, pero tiene sus problemas en cuanto a la pérdida de esta flexibilidad.
En el mundo se utilizan diferentes instrumentos para que el Estado capte la renta petrolera. En primer lugar, las regalías hoy se reconocen en la literatura como un instrumento importante porque son fáciles de auditar, a pesar que desalientan la inversión en áreas marginales. Nótese que el impuesto provincial a los Ingresos Brutos actúa en una forma parecida a una regalía adicional y lo mismo puede decirse del denominado "acarreo", que es un porcentaje de participación de la empresa provincial, en la medida en que ésta no devuelva nada de las inversiones realizadas. En segundo lugar, los impuestos a las ganancias extraordinarias aparecen como más difíciles de controlar porque requieren que el Estado pueda, además, auditar los costos de las empresas. En tercer lugar, los pagos en efectivo son simples de auditar y aconsejables como complemento, pero aumentan el problema de "inconsistencia temporal" porque se lleva todo el dinero el Gobierno actual, lo que -además de problemas de corrupción-.


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