La sonda Philae -de 100 kilos, pero virtualmente sin peso sobre la superficie del cometa- se posó según estaba previsto, tras un descenso de siete horas desde la nave espacial Rosetta, a unos 500 millones de kilómetros de la Tierra. Durante el aterrizaje, los arpones diseñados para anclar la nave no se desplegaron y la ESA está estudiando formas de reactivarlos.
Los científicos esperan que las muestras de la superficie del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko ayuden a determinar cómo se crean los planetas y comienza la vida, debido a que la roca y el hielo que lo componen preservan moléculas orgánicas como en una cápsula de tiempo.
Los cometas son restos de la formación del sistema solar hace 4.600 millones de años. Los científicos creen que pueden haber traído gran parte del agua de los océanos de la Tierra. "Qué audaz, qué excitante, qué increíble atreverse a aterrizar en un cometa", dijo el director de Ciencia Planetaria de la NASA, Jim Green, en el Centro Europeo de Operaciones Espaciales, en Alemania, tras anunciarse el aterrizaje.
Las naves de fabricación humana han aterrizado ya en siete cuerpos celestes: la Luna, Marte, Venus, la luna de Saturno Titán, dos asteroides y el cometa Tempel-1, que fue impactado por una sonda de la NASA. Entre los numerosos récords establecidos por la misión, Rosetta es la primera nave espacial en orbitar un cometa en vez de sólo volar en sus inmediaciones para sacar fotografías.
Rosetta llegó al cometa -una roca de más o menos tres por cinco kilómetros descubierta en 1969- en agosto tras un viaje de 6.400 millones de kilómetros que tomó 10 años, cinco meses y cuatro días. Además, se trató de una misión que costó cerca de u$s 1.800 millones y que se transformó en un hito en la exploración espacial. "Sabemos que Philae se posó en el cometa; ahora hay que esperar para conocer si todo funciona bien", confirmó Miguel Pérez-Ayúcar, líder del grupo de Operaciones Científicas y Planificación de Rosetta.
| Agencias Reuters y EFE |


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