Nadie les puso nunca -ni les pondrán jamás- el ansiado «cascabel» a los felinos pasos del mercado. Menos todavía, cuando se encuentra en zona pantanosa y se bambolea de manera fulminante, tras hacernos creer -y allí reside su secreto- que se ha tornado sumamente previsible. Desde esta columna lo habíamos apuntado, días atrás, mencionando que gozaba de «previsibilidad» fastidiosa». Y que los operadores del mundo habían encontrado algo peor que el miedo: la resignación. Detrás de ello sobrevino esta semana concluida. Y como otras veces antes, en martes hubo un repunte ostento y ruidoso en sus términos, que -veces pasadas- derivaba luego en una vuelta al desagio... previsible. Pero no, esta vez los índices siguieron enérgicos en el alza hasta rematar el período y pudiendo acumular beneficios semanales que resultaron tan suculentos como poco esperables. El mercado bursátil se afirmó en ciertos argumentos económicos que son bastante endebles, pero edificó un avance que fue cambiando ánimos y actitudes, de las dos fuerzas. Estuvo muy claro que al no decaer de inmediato, la confiada legión de los «bajistas», los que viven sobrevendidos, giró sobre sus talones a cubrir posiciones. Y esto generó un curso potenciado, a falta de «papel», que regio susto -al menos, por ahora- les pegó a los «osos» de la zoología bursátil. Repaso de viernes: lució bien el Dow Jones, con un 0,75%, sumando. Pobre en Bovespa, baja del 0,5%, más que bien en el Merval y en sus dos versiones. La semana dejó nada menos que un 9% de rebote en Wall Street, algo más del 8% en Buenos Aires. Y rozando el 5% en Brasil. Muy jugoso. A partir de hoy, atención: el horario local de la Bolsa pasa a ser de 11 a 17. Y los «toros» quieren ir por más. Esto sí, aquí falta volumen. Pero, sobran «cauciones». La Bolsa dio el golpe.
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