Impecable Elton John probó su empatía con el público en Vélez

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«Rocket Man. Greatest Hits Live». Elton John (voz, piano). Con D. Johnstone (dir. mus., guitarras, banjo, coros), M. Bissonette (bajo, coros), K. Buyllard (teclados), J. Mahon (percusión, coros), N. Olsson (batería, coros), T. Vega, R. Stone, J. Witherspoon y L. Stone (coros). (Estadio Vélez, 2 de marzo).

Veinticuatro temas, varios de ellos de muy larga data, en algo más de dos horas, fue lo que necesitó Elton John para reafirmarse como un referente indiscutido de la música popular y prócer de la canción. Respaldado por una banda que no tiene artilugios pero sí mucho rodaje, un coro de cuatro mujeres negras, entre las que ni siquiera falta una ex integrante de la legendaria banda Sly and The Family Stone, que hace su aporte de soul, de funk y de show, un Elton John con frac luminoso que deja ver sus iniciales en la espalda, canta y toca el piano sabiendo lo que hace, y brinda una lista de títulos que muchos tienen guardados en su memoria aun sin saber quién es su autor o su intérprete.

Buena cantidad de público en Vélez, para entradas que iban de los 170 hasta 1700 pesos, aunque lejos de hacer explotar el estadio, disfrutó de un artista que ya no tendría que demostrar nada pero igual sigue haciéndolo. Si en algún momento, con la distancia del caso, se hiciera una antología muy estricta sobre lo que ha sido el género canción popular de todos los ritmos del mundo, es indudable que este artista, cuyo nombre verdadero es Reginald Kenneth Dwight, le cabría un lugar muy especial. Sus piezas no son particularmente originales y sus letras hablan en general de cosas sencillas, del amor cotidiano, de los encuentros y desencuentros más vulgares. Pese a eso, o quizá precisamente por eso, logran una perfecta de comunión entre melodías y letras, y una empatía con el público que le ha hecho vender unos 250 millones de discos. Si hiciera falta algo más, su voz es la herramienta que cierra el círculo de esas canciones y lo convierte en uno de los mejores baladistas que ha dado el mundo sajón.

El propósito de esta muy extensa gira que está llevándolo por montones de países -que comenzó en noviembre pasado en Australia y que espera terminar a fines de este mes en Francia- es festejar los 40 años de la aparición del single de «Rocket Man», justamente una de esas piezas inoxidables. Para eso, eligió una larga serie de hits: «Candle in the Wind», «Daniel», «Im Still Standing», «Your Song», «Dont Let the Son Go Down on Me», «Funeral for a Friend», etc., y los presentó a la manera de un concierto teatral. Las piezas se fueron sucediendo en prolija continuidad sin mayor alharaca y con la dosis justa de demagogia que suele plantear un artista de estas características («nos gusta mucho estar en Buenos Aires, esta ciudad tan hermosa», dijo apenas). Las pantallas de alta definición sirvieron para mostrar a músicos y cantantes y casi nada más. Y no hicieron falta herramientas multimediáticas, fuegos artificiales, grandes despliegues de luces ni recursos extraordinarios para hacer hermosa una noche fresca de marzo que prenunció la llegada del otoño.

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