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Impuestos Internos sin oposición
La explicación al apoyo opositor a esa idea, la primera que el Gobierno lanzó para intentar frenar la salida de dólares por la vía de la compra de autos importados (punto que el proyecto mismo relativiza), no debe buscarse en el convencimiento, sino en los pecados fiscales de cada Gobierno que fue pasando en los últimos 30 años.
Para los gobiernos con problemas de caja, Impuestos Internos siempre ejerció una seducción imposible de controlar. Es un tributo que se cobra sobre consumos directos. No tiene complicaciones administrativas y, además, hace tiempo que la doctrina local olvidó que fue un impuesto creado para gravar la externalidad negativa de algunos productos, aprovechando el hecho para generar un recurso.
Este fin de semana el massismo, en boca de uno de sus principales economistas Miguel Peyrano, anunció que gravar la compra de autos de lujo era una obligación obvio frente al drenaje de dólares. "Desde el punto de vista del concepto, como mecanismo de corto plazo para evitar la pérdida de reservas, era una medida que era ineludible", fue la definición que dejó.
La convicción sobre la suba de impuestos en el massismo no es nueva. El proyecto que Cristina de Kirchner hizo votar a las corridas en el Congreso (como todo lo que se votó en los últimos años) para gravar la transferencia de acciones de empresas que no cotizan en Bolsas y los dividendos que distribuyen para financiar, supuestamente, una baja en la presión del Impuesto a las Ganancias sobre los salarios, fueron idea que el Gobierno hackeó de los pedidos de campaña de Sergio Massa.
Los radicales, que confirman que no le pondrán palos al proyecto también tienen larga historia en su pasión por Impuestos Internos. En 2000, cuando las arcas de la Alianza crujían apelaron a una suba de Impuestos Internos que terminó en lo que se conoció como la "guerra del champán". ¿Cómo oponerse ahora a gravar autos de lujo (categoría también en debate si se habla de un límite de $ 170.000 que además no discrimina entre nacionales e importados como versa el actual proyecto) cuando se votó en ese momento aplicar una alicuota del 7 % al champán mendocino o se decidió inclusive gravar con Internos la telefonía celular? Domingo Cavallo llevó de la mano a los radicales a gravar esa bebida; Fernando de la Rúa luego por decreto volvió a excluirla, Roberto Lavagna lo reinstaló en la lista de los suntuarios, el Congreso lo sacó por ley y Néstor Kirchner lo vetó.
El problema ahora no se transformará en una guerra. Los radicales y massistas apoyan y el kirchnerismo intentará emitir mañana el dictámen en comisión para jugarse a una sanción de cámara a cámara el próximo 27.
Habrá debate sobre puntos que aún no se comprenden del proyecto, como no diferenciar bienes suntuarios de productivos, Otros preguntarán por qué si la medida es para frenar la salida de dólares quedan alcanzados autos nacionales. O cómo se actualizará el monto límite para aplicar el tributo. Sólo hay una certeza; los compradores de autos de lujo no tendrán esta vez quién los defienda en el Congreso.


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