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Inglaterra se aggiorna y estatiza otros bancos
Con el auxilio de un giro drástico de la política monetaria, el plan y sus diversas adaptaciones nacionales cumplieron objetivos nada desdeñables. Esa urdimbre contuvo el chubasco pos Lehman y evitó el mal mayor: el colapso del sistema. Logró devolverle visos de normalidad al funcionamiento de los mercados monetarios. Y montó una tregua en las plazas financieras que todavía se disfruta. Pero, no consiguió completar su recado: el objetivo de máxima -doblegar la crisis- probó ser una pretensión fuera de su radio de alcance. Tampoco pudo interrumpir la corrosión constante, bajo la superficie, de las carteras crediticias. Esa es la razón primordial para repotenciar esfuerzos.
La temporada de balances apenas descorrió el telón y un alud de renovados quebrantos se abre paso con llamativo vigor. Su magnitud desbordante amenaza sumir a la banca otra vez en el descrédito. Y son las instituciones de primera línea las que sufren mayor castigo. Como en octubre, se trata de una epidemia; los parches de las soluciones caso por caso no constituyen la respuesta más apropiada, más allá de que Bank of America y Citigroup hayan debido recurrir a esos atajos.
La nueva movida de Gordon Brown debe apreciarse bajo esa óptica. Interesa la voluntad de redefinir una estrategia marco para la acción de gobierno. Sin temor a internarse en tierra virgen. Ni a enmendar los muchos errores propios. Estrategia que puede ser revisada y corregida para su adopción en otras latitudes.
No se trata de un giro copernicano. Lo que las autoridades británicas anunciaron sería, en la notación de la industria del software, una versión 2.0 enteramente compatible con el programa original. El producto final toma la experiencia de los usuarios con el propósito de reparar los defectos detectados. En esa inteligencia, es que se revisan los acuerdos cerrados con el Royal Bank of Scotland (RBS) y Northern Rock. Y vale la pena que todo el mundo preste atención.
La carga que supone el pago de intereses por las acciones preferidas que tomó el Gobierno en la capitalización de octubre se percibe hoy como un obstáculo para la concesión de nuevo crédito. De ahí que resolvió canjear 5 mil millones de libras en acciones preferidas por capital ordinario de RBS. A cambio del ahorro de intereses, el banco se compromete a prestar en una relación 10 a 1. Conviene reparar que, en los EE.UU., toda la inyección de capital se realizó vía acciones preferidas (aunque a una tasa más baja). Tanto el Citi como Bank of America cargan con una mochila de 45 mil millones de dólares, cada uno, sobre sus espaldas.
¿Cuánto tiempo tardará Washington en arribar a una conclusión similar? Si así fuera, el correlato inevitable sería la nacionalización de los bancos. Sin ambages. En Gran Bretaña, se sabe, no hubo pruritos para tomar ese camino. El erario ya controla el 58% del patrimonio de RBS y pasará a dominar un 70%. En el margen, las acciones valen cada vez menos; aunque las autoridades no lo pretendan, si la crisis no cede, acabarán pronto con el 100% en sus manos.
Nada quita más el sueño que los activos tóxicos. Es su importancia lo que moviliza toda una batería de medidas. Por primera vez, el Gobierno acepta, a cambio del cobro de una comisión, garantizar activos riesgosos en poder de las entidades (con un tramo de franquicia inicial, a la manera que ya se ensayara con el Citi y el Bank of America en los EE.UU.). También se emitirán garantías onerosas sobre instrumentos respaldados por hipotecas (con el ánimo de reactivar sus mercados secundarios). Y se le concede al Banco de Inglaterra la autorización para adquirir activos privados de «muy buena calidad» hasta 50 mil millones de libras. Si el banco central quisiera embarcarse, como la Fed, en una estrategia de tasa cero y expansión cuantitativa de los agregados monetarios, le resultará más fácil con la venia oficial.
Como se ve, no hay en este terreno delicado ninguna novedad por sobre lo que ya aplicó EE.UU. El avance es que se trate de una plataforma integrada y abierta y no de un recurso extraordinario para echar mano en situación individual de dificultad.


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