"Los lectores tienen una sed permanente de un realismo duro. Buscan personajes con los que se puedan identificar en algún punto, y el matrimonio es un escenario perfecto. Y ahí está latiendo el drama, se puede contar del fin de una sociedad conyugal, de una aventura amorosa, de una relación en que una pareja se pone por completo en manos de otro, y el otro no", esos son los recursos que han vuelto exitoso el "domestic noir" (la novela negra doméstica), sostiene la editora británica Sophie Orme. El "domestic noir" es un subgénero reciente de la novela negra que se ha puesto de moda desde hace unos cinco años en países de habla inglesa. Ese nombre se lo dio la dramaturga y directora teatral inglesa Julia Crouch, que se pasó de los escenarios a escribir ese tipo de novela, publicando entre otras "Cada promesa que rompas" y "La larga caída" (que no están aún en castellano), donde la acción transcurre en el hogar o en el lugar de trabajo, explorando los desafíos y peligros que allí habitan desde la experiencia femenina. Otra de las autoras dedicadas a este subgénero como Rebecca Whitney, sostienen que "se trata de contar desde adentro de matrimonios tóxicos y su derrumbe final".
Una extraordinaria forma de acerarse al "domestic noir" es la novela de la escritora canadiense A.S.A. Harrison "La mujer de un solo hombre", un intenso thriller psicológico que se desliza desde la historia de una pareja considerada ideal al crimen y el encarcelamiento de la protagonista en los sentimientos de culpa. Jodi y Todd son "la pareja perfecta". No se han casado, Desde hace veinte años viven juntos. Empezaron desde abajo. Ella es psicóloga (el título original de la novela es "La mujer callada") y ha ido sumando pacientes. Todd tiene una empresa constructora a la que le ha ido bien, ha crecido. Hoy tienen un departamento en el piso 27 de un edificio frente al lago Michigan, en Chicago. Viven un mundo deliciosamente rutinario. Ella atiende a los pacientes en el departamento, va a clases de pilates, aprende a cocinar platos gourmet, saca a pasear a su adorado golden retriver al que le ha puesto de nombre Freud. Todd se dedica a sus construcciones, a encontrarse con amigos, a ir a hacer gimnasia. Todo en la superficie parece idílico. Todd es un cuarentón que quisiera tener descendencia. Jodi es una mujer que siente la placidez de haber alcanzado el confort y no precisa nada más. Pero como mostró Freud (no el perro de Jordi, desde ya) es en lo familiar donde surge lo ominoso. Lo siniestro. Lo insospechado, aunque luego se piense que era fácil de sospecharlo. A Jordi no le importa que Todd tenga algunas aventuras sexuales, mientras sólo sean sexuales, una descarga y el regreso al hogar. Pero Todd se ha salido de ese tipo de rutina, ha descubierto algo que lo llena de adrenalina, una pimpante universitaria, la hija de un amigo.
La escritora británica A. J. Waines que, luego de ser psicoterapeuta de delincuentes internados en penales de alta seguridad, se pasó al thriller doméstico, ha escrito que "la familia es un caldero para el crimen, se lee de secuestros, violencia de género, infidelidades, chicos desaparecidos. La casa está llena de secretos que vuelven a perseguirnos". Es lo que le pasa a la protagonista de esta atrapante novela, la primera y última de Susan Harrison (se publicó en Canadá en 2013, el mismo año en que ella murió de cáncer). Un admirable novela que con un sólo libro la consagró como maestra del thriller psicológico, del la novela negra que transcurre en un ámbito doméstico.
| M.S. |



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