La trascendente decisión de Barack Obama de ordenar la puesta en marcha del proceso de cierre del penal de Guantánamo (foto) va de la mano de otra no menos importante: poner fin a las estrategias «no comerciales» de interrogatorio de sospechosos de terrorismo, impuestas en la era Bush, que han sido calificadas por los críticos como simple tortura.
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Según relatos, se sometía a los acusados al «submarino» o ahogamiento simulado.
También se intentaba quebrar su voluntad al exponerlos continuadamente a música a muy alto volumen, a luces que encandilaban, a la privación de sueño y a temperaturas extremas.
Se reportaron también casos de sospechosos obligados a presentarse desnudos ante una agente o a usar ropa interior femenina.
Aterrorizarlos con perros adiestrados era otra de las prácticas usadas.
Asimismo, se los forzaba a permanecer durante horas en posiciones incómodas, además de impedirles rezar y someterlos a continuos registros corporales íntimos y a insultos.
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