El Gobierno de Mauricio Macri se empecinó en desprestigiar al fútbol argentino y a los ya desacreditados dirigentes, por incapacidad propia. Entre una de las tantas promesas incumplidas -la primera y principal fue cuando, en campaña, prometió la continuidad del programa Fútbol Para Todos (FPT)- había asegurado que el miércoles iba a depositar los 350 millones de pesos para cancelar y terminar el vínculo con el Estado.
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Sin embargo, eso recién ocurrió ayer por la mañana y fue cuando el jefe de Gabinete, Marcos Peña, en conferencia de prensa, oficializó el pago a la AFA correspondiente a la "rescisión bilateral" del FpT, al mismo tiempo que abogó porque los dirigentes "sean capaces de resolver" su crisis, para que "pueda normalizarse" el desarrollo de los torneos que dependen de la AFA y que éstos comiencen "en tiempo y forma".
Sin embargo, y a pesar que la medida fue publicada en el Boletín Oficial, hasta ayer el dinero no había aparecido en la cuenta de la AFA y se estimaba que hoy a la mañana iba a estar acreditado. El secretario general de Futbolistas Argentinos Agremiados, Sergio Marchi, había sido tajante: "Hasta que la plata no esté depositada en las cuentas de los jugadores el fútbol no comenzará". "Primero nos presionaron con que iban a pedir la conciliación obligatoria" y después "con que iban a quitar los puntos o a jugar con los juveniles", denunció el líder del sindicato de futbolistas al subrayar que lo único concreto es que "no hay una propuesta económica firme" para que los clubes paguen sus deudas con los jugadores.
De la noche a la mañana, los dirigentes del fútbol argentino, que no querían que vuelva el fútbol, dieron un giro impensado. Los clubes se reunieron a su vez para presionar a FAA en la sede del sindicato de Camioneros, que tiene como hombre fuerte a Hugo Moyano, ex líder de la CGT, y actual presidente de Independiente. Si bien dialecticamente "se solidarizaron con los futbolistas y con la causa Agremiados" (SIC), por otra parte hablaron (o apretaron) con sus futbolistas para que jueguen y hasta amenzaron con peresentar un plantel con juveniles, como los casos de Nicolás Russo y de José Mansur, presidentes de Lanús y de Godoy Cruz, respectivamente.
Es que en la noche del miércoles se había consumado otro "apriete", pero por parte del Gobierno (quien ya había intervenido la AFA con la anuencia de la FIFA) a través de Javier Medín, vicepresidente del Comité de Regularización, y que responde a Mauricio Macri. Se había redactado un borrador en el que se intimaba a los clubes a presentarse a jugar o, de lo contrario, perderían los puntos. Sin embargo, ese borrador, ante el propio asombro del presidente del Comité de Regularización, Armando Pérez, subrepticiamente pasó las fronteras de la AFA.
Mientras tanto, la creciente tensión dejó en evidencia una guerra interna entre Pérez y Medín. "El comunicado de AFA lo pasó Medín a la prensa, no era oficial. A veces le tengo que recordar que el presidente soy yo", disparó con munición gruesa Pérez. Ante la firmeza de Marchi de parar si no aparece la plata, el Gobierno volvió al ataque y, a través del Ministerio de Trabajo, dictó la conciliación obligatoria e intimó a Futbolistas Argentinos Agremiados a "suspender la huelga" y abrir "negociaciones" con los clubes durante un plazo de 15 días.
Por la tarde, y en una reunión extensa y hermética, en Futbolistas Argentinos Agremiados, Marchi y los jugadores de Primera División y del Ascenso continuaron con la firme decisión de no comenzar a pesar de haber recibido presiones de todos lados.
La decisión tardó en comunicarse. Hasta que a las 21.42 comenzaron a salir los jugadores. Lo único que dijeron fue que iba a hablar Marchi , aunque el defensor de Vélez, Fabian Cubero, de pasada, dijo que la pelota no va a rodar este fin de semana.
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