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Invierten u$s 20 M en un proyecto agroecológico
Se trata de un proyecto que tiene la mira puesta en el cuidado de suelos recuperados y en desarrollar frutales, horticultura y cereales de máxima calidad con certificación orgánica.
El proyecto agroecológico en Laguna Blanca está pensado a «escala familiar» pero con la complejidad de unas quince especies de frutales más cereales, al menos mil colmenas y gallineros móviles con una producción que, según Tompkins para 2017, puede rondar los u$s 300 millones con una ganancia anual de entre un 5% y un 7% promedio.
El ecologista, reconocido por su prédica y acción -donó el Parque Nacional Monte León ubicado en la provincia de Santa Cruz y propuso la creación de otro en los Esteros del Iberá-, tiene como objetivo mostrar la viabilidad económica de un modo de producción que en la Argentina ocupa una porción mínima de las tierras cultivables.
El campo de 3.000 hectáreas tiene en producción un 60% de su superficie con cebada, trigo, centeno, lino, damascos, nuez pecan, almendras e higos, entre otros, sembrados en terrazas con curvas sobre las ondulaciones propias del terreno entrerriano, técnica que consiguió frenar la erosión del suelo. Tompkins logró mejorar la calidad de su campo en el norte entrerriano a partir del «uso de abonos verdes, rotaciones». A esto sumará «animales, pasturas, por cuatro años y después cultivos orgánicos», dijo.
«No estamos matando microorganismos del suelo, al contrario, los criamos y creamos fertilidad. Eso va a producir mejor rinde de nuestros cultivos, un producto totalmente sano y orgánico con el mejor precio del mercado», subrayó el empresario.
Tompkins describe el proyecto como un «campo vertical en el sentido que vamos a cultivar nuestros productos, procesar, embalar, poner nuestra marca, mientras desarrollamos nuestra red de distribución. Esto toma su tiempo», aseguró al remarcar que buscarán la venta local o en poblados cercanos como Santa Elena, La Paz, Esquina en Corrientes, Concordia y Paraná.
Explicó que aunque sus productos tendrán certificación orgánica saldrán a competir en mercados donde se comercializan productos convencionales prácticamente al mismo precio. «Vamos a vender a una clientela que no le importa si es orgánico o no. Es decir, que vamos a competir con el mercado normal al mismo precio pero va a decir que es orgánico y eso va a atraer cierto porcentaje de los clientes», señaló, para luego enfatizar que la idea es «enseñar que es mejor comprar nuestros productos de buena calidad y más sanos».
El millonario suele sostener que la vida de un ecologista no es fácil y sobre todo metido en terrenos donde el uso del suelo y las sucesivas etapas agrícolas se desarrolla con fertilizantes, pesticidas, herbicidas y semillas genéticamente modificadas pasan a ser algo normal. A causa de esto, la convivencia con vecinos acostumbrados a fumigar sus plantaciones suele derivar en fuertes conflictos.
«Tenemos problemas en Laguna Blanca con un vecino que está fumigando; el veneno flota, invade y mata árboles y plantaciones nuestras. Para mantener buenas relaciones vecinales le explicamos que no puede fumigar y matar a nuestro lado pero advertimos que si se repite la ley argentina es muy clara en cuanto a que no se puede perjudicar a los vecinos», contó el norteamericano. La discusión por los espacios tiene un costado económico porque si afecta a Laguna Blanca, los productos podrían perder su certificación orgánica que se traduce en millones de dólares, indicó.
Al hablar de la rentabilidad del proyecto, Tompkins asegura que en el mundo hay miles de agricultores orgánicos y que «en EE.UU. existen cadenas de supermercados que demandan este tipo de producto».


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