8 de diciembre 2009 - 00:00

Jannis Kounellis: cómo elevar lo cotidiano a la categoría de arte

Jannis Kounellis, uno de los popes del «arte povera» italiano, no sólo incorpora a sus obras materiales extraídos de la realidad sino que las adapta a las características de cada sala de exhibición.
Jannis Kounellis, uno de los popes del «arte povera» italiano, no sólo incorpora a sus obras materiales extraídos de la realidad sino que las adapta a las características de cada sala de exhibición.
En la sala de la Fundación Marcelino Botín de Santander, se exponen obras recientes de Jannis Kounellis, uno de los principales representantes del «arte povera» italiano.

Artista griego, nacido en El Pireo, cerca de Atenas, en 1936, Kounellis vive en Roma desde 1956. Tras participar en la primera exposición de Arte Povera en 1967, se convierte rápidamente en una figura central del arte contemporáneo. Interesado por el tema del origen de la cultura y los procesos de alienación en la civilización de masas, Kounellis crea singulares metáforas caracterizadas por la riqueza excepcional de su lenguaje, que incorpora materiales extraídos de la realidad como carbón, cristal, fuego, humo, placas de acero, fragmentos de yeso, piedra, distintos metales o manifestaciones de seres vivos, como caballos o loros; así como signos de la presencia humana, en prendas de ropa y objetos de uso cotidiano como la máquinas de coser, camas o sillas.

Las propuestas de Kounellis no son independientes del espacio. Sus obras surgen a partir de las características arquitectónicas de la sala de exhibición y el entorno cultural que la alberga. Así, puede observarse en su muestra en Santander, en la Fundación Marcelino Botín, edificio de finales del siglo XVIII, donde vivió Marcelino Sanz de Sautuola, el paleontólogo que descubrió las Cuevas prehistóricas de Altamira en 1879. Remodelado y ampliado en 1992, dispone de auditorio, biblioteca y sala de exposición. Allí, Kounellis expone sus últimas obras sobre paneles de acero, en las que emplea elementos varios como moldes de plomo, alambres, cristal de Murano y abrigos.

El crítico italiano Germano Celant acuña el término «arte povera» (arte pobre), en 1967, para describir el trabajo de una joven generación de artistas italianos (Giovanni Anselmo, Alighiero Boetti, Mario Merz, Giulio Paolini, Michelangelo Pistoletto y Kounellis, entre otros), que utilizan materiales simples para invertir el modo tradicional de «high arte» (arte elevado).

La pérdida de las certezas de la modernidad, que acompaña el clima de la post-guerra, incita a estos artistas a proponer nuevas alternativas frente a la unilateralidad del cuadro. Concebido como un arte opuesto a la sociedad de consumo, sus múltiples manifestaciones actuales dificultan hoy su definición. A la vez conceptual y sensual, literal y metafórico, su riqueza reside en su auténtica pluralidad. Tendiendo un puente entre lo natural y lo artificial, lo urbano y lo rural, el impacto del «arte povera», resuena aún.

El lenguaje de estos artistas vincula naturaleza y cultura por medio de la yuxtaposición de materiales manufacturados (tubos de neón, vidrios, ropa) con materiales o elementos naturales (legumbres, tierra, agua, animales vivos). No desecha, sin embargo, las técnicas tradicionales, sino que en algunos casos las integran ampliando sus posibilidades.

Con la intención de disminuir el control intelectual sobre la experiencia, reducen el objeto del arte a proposiciones y gestos simples y elementales. Utilizan libremente las diferentes técnicas y formas artísticas, y exploran las posibilidades de las instalaciones, la fotografía, el video.

El «arte povera» no privilegia lo visual, e incursiona en otras dimensiones perceptivas. Así, por ejemplo el olfato, cuando Kounellis incorpora el café. Cuando incorporan la escritura, las letras son manuscritas para exaltar su naturaleza subjetiva y su connotación física y emocional. Ya en 1960, Kounellis presenta grandes superficies blancas sobre las que aparecían dispersos, números, letras y flechas negras, elementos de su personal «alfabeto» de signos y palabras. Luego, en obras que desbordan el espacio, sustituye la tela por las láminas de hierro y las letras aparecen por la totalidad de los objetos. Todas sus instalaciones, desde la primera realizada en 1967, promueven la participación el público, transformando el espacio en escenarios en los que el espectador no permanece extraño a la obra.

En ocasión de la muestra de Kounellis, en el Museo Stedelijk, en Amsterdam, Giuliano Briganti señaló: «Su arte se origina en una intuición poética que apela a nuestra receptividad poética. El artista actúa de este modo como un espejo del mundo, como un guía para la conciencia. . Este papel antiguo y heroico es evidentemente lo que intenta Kounellis. Su identificación del artista con el héroe abre una vez más la puerta del arte contemporáneo hacia el mito (...)»

La obra de Kounellis puede verse como una totalidad, orientada por un orden riguroso y, a la vez, inalcanzable. Vigas de acero, piedras, tierra, bolsas de carbón, madera, café, objetos y materiales diversos, interactúan dinámicamente pero de modo fragmentario, no organizados simétricamente, en torno a un eje centralizador.

«Cuando se planifica, se elimina todo tipo de apertura. (...) Hay un método que gradualmente libera y uno se vuelve flexible como un bailarín. No hay estilo. Lo que hoy tenemos que tratar de alcanzar es la unidad entre arte y vida», sostiene el artista.

Entre sus últimas exposiciones se destacan las presentadas en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid, 1996-7); el Museo Nacional de Bellas Artes (Buenos Aires, 2000), organizada por el autor de esta nota; la Neue Nationalgalerie de Berlín (2007); y recientemente, la sala que le ha sido destinada en la Tate Modern de Londres (2009).

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