Jefe de Pediatría desligó al Garrahan y apuntó al sistema

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• REPERCUSIONES POR EL CASO DEL CHICO AL QUE EXCLUYERON DE LA LISTA DE TRASPLANTE CARDÍACO
El hospital emitió un comunicado donde asegura que la condición social de Fernando no incidió en la decisión de no trasplantarlo. Su médico ratificó la fuerte denuncia: “El Estado lo desprotegió”.

La dramática historia de Fernando Almeida, que ayer visibilizó un artículo de Ámbito Financiero , generó la reacción de muchos lectores que manifestaron su congoja por la exclusión de este correntino de 13 años con una miocardiopatía de la lista de espera para recibir un corazón porque "no reúne los criterios para ser trasplantado". Pero también provocó la respuesta de las instituciones aludidas en el relato del doctor Roberto Jabornisky, profesor titular de Pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Nordeste y pediatra del niño, quien denunció el hecho como "una muestra de la inequidad del sistema de salud".

El hospital Garrahan, a través de un comunicado firmado por su directora ejecutiva, Josefa Rodríguez, aseguró que "la toma de decisiones en cada caso se basa en informes médicos elaborados por expertos clínicos de la Terapia Intensiva, del Servicio de Cardiología y del Servicio de Trasplante Cardíaco", quienes utilizan "estándares de evaluación internacionales" para determinar quiénes deben ser incluidos en las listas de espera.

Por su parte, el Ministerio de Salud de la provincia de Corrientes, también aludió al caso de Fernando, consignando que "la decisión respecto del trasplante del niño está perfectamente argumentada bajo criterio médico, según informe enviado por el Hospital" y se desligó de las afirmaciones de Jabornisky al señalar que "las opiniones emitidas en medios de comunicación por un profesional médico local, se aclara que corre por responsabilidad propia del mismo".



En una nota enviada a este diario, el pediatra correntino reafirmó su convicción de que la responsabilidad de esta situación es "del sistema, por no dar una adecuada cobertura a niños en situaciones vulnerables y sobre todo del flagelo que la pobreza representa". Luego de salvaguardar el rol del Garrahan y de sus profesionales desligándolos de lo sucedido, Jabornisky expresó que la "igualdad de oportunidades debiera ser un valor indiscutible en nuestra sociedad para que cada niño que nazca en este país pueda alcanzar el máximo de su potencial" y volvió a insistir con que "el problema de Fernando es la incapacidad social y familiar para llevar adelante un tratamiento prolongado y sobre todo de un Estado que los desprotegió". Por último, el médico -responsable de atender a Fernando en el hospital Juan Pablo II de la capital correntina y de indiscutible prestigio social y científico- sostuvo que "falla renal y hepática (aludida por el ministerio provincial) no es tal" y que, "aun existiendo, no debería ser criterio para contraindicar un trasplante".



Más allá de la polémica suscitada por la difusión del caso -extremadamente útil para visibilizarlo- lo cierto es que Fernando no recibirá un trasplante de corazón, única posibilidad cierta de darle una oportunidad para sortear su grave afección cardíaca. Ninguno de los profesionales consultados se animaron a afirmar que la operación le garantizaría al niño su supervivencia. La medicina jamás permite otorgar este tipo de certificados. Pero tampoco ninguno -ni siquiera los expertos del comité que suscribieron el informe donde lo dejaban sin esa chance- se animarían a afirmar lo contrario. Y si esa posibilidad, por más mínima que fuese, existiera, ¿quién puede arrogarse el derecho a no brindársela a esta criatura?

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