6 de noviembre 2014 - 00:00

Jerusalén sufrió otro día de terrorismo y refriegas

Un terrorista palestino fue ultimado ayer por la Policía tras atropellar a varios transeúntes en Jerusalén (arriba). La ciudad volvió a ser escenario de manifestaciones palestinas y graves choques (izquierda).
Un terrorista palestino fue ultimado ayer por la Policía tras atropellar a varios transeúntes en Jerusalén (arriba). La ciudad volvió a ser escenario de manifestaciones palestinas y graves choques (izquierda).
Jerusalén - Esta ciudad vivió ayer un grave estallido de violencia cuando un palestino -señalado por las autoridades israelíes como miembro del grupo terrorista Hamás- atropelló con su automóvil a peatones en Jerusalén, matando a un capitán de Policía, antes de ser abatido por efectivos. En tanto, volvieron a registrarse duros enfrentamientos en la la Explanada de las Mezquitas entre manifestantes árabes y fuerzas de seguridad.

El ataque, el tercero en pocas semanas y que dejó además 13 heridos, está ligado justamente a los enfrentamientos del último tiempo en la Explanada de las Mezquitas, el tecer lugar más sagrado para el islam y lindante con el Muro de los Lamentos judío. De hecho, ayer se reiteraron los incidentes en ese sector de Jerusalén oriental.

Testigos explicaron que, sobre las 12.00 hora local, un hombre al volante de una camioneta blanca penetró en la líneas del tranvía y cruzó a máxima velocidad frente a la estación Shimon Hatzadik, muy utilizada por ultraortodoxos para rezar en una conocida tumba judía homónima en Jerusalén Este. Allí atropelló al oficial y a otros tres miembros de una de las decenas de patrullas que el Gobierno israelí desplegó en la parte este de la ciudad desde que el pasado 22 de octubre dos personas perdieran la vida de la misma manera en un ataque similar a apenas un kilómetro de distancia.

El conductor recorrió al volante unos 200 metros más, antes de chocar con dos vehículos en una intersección.

"Se volvió loco, sacó una barra de metal y comenzó a intentar pegarle a la gente y a gritar 'Alahu Akbar' (Alá es el más grande)...", declaró Yosef, miembro de la comunidad haredí (ultraortodoxa) que se encontraba en la zona.

"Llegó la Policía enseguida, lo rodeó y le disparó cuando corría por aquí, por estas vías", agregó, mientras señalaba con el dedo una mancha de sangre entre las vías.

Apenas una hora después, el movimiento islamista Hamás aplaudió la acción del kamikaze, identificado como Ibrahim Al Akari, de 48 años, al que calificó de "uno de nuestros mártires, defensor de la mezquita de Al Aksa". Asimismo, el grupo terrorista dijo estar preparándose para una nueva guerra contra Israel.

El atacante "vivía en el campo de refugiados de Shuafat (Jerusalén Este) y era electricista. De Hamás era su hermano, que estuvo en la cárcel, fue liberado durante el intercambio por el soldado Guilad Shalit y enviado a Turquía", dijo a los periodistas Anjab Abu Azam, subdirector del centro Médico Al Hayat, situado a escasos metros.

Abu Azam, que conocía al agresor, señaló que era padre de cinco hijos y que no era un activista.

Los barrios árabes de Jerusalén son escenario de una creciente tensión desde que a principios de julio ultranacionalistas judíos quemaran hasta la muerte a un menor palestino, en venganza por el asesinato tres semanas antes de tres estudiantes israelíes a manos de exconvictos de Hamás en Cisjordania ocupada. Desde entonces, los ataques con piedras al tranvía, que corre a lo largo de la línea verde de 1967, se han repetido, así como las agresiones de colonos y los enfrentamientos entre jóvenes palestinos y agentes israelíes.

Una tensión que se disparó hace dos semanas con el primer kamikaze y que se multiplicó el pasado miércoles cuando un palestino tiroteó y dejó gravemente herido en Jerusalén occidental, la aprte judía de la ciudad, a Yehuda Glick, rabino ultranacionalista que trabaja para cambiar el estatus de la Explanada de las Mezquitas.

Al igual que los dos atacantes palestinos, el pistolero fue muerto a tiros por la Policía horas después, al parecer cuando se resistía, armado, a ser detenido en su casa del barrio de Abu Tor, en Jerusalén oriental.

Horas después de aquel intento de asesinato, las autoridades israelíes decidieron cerrar totalmente la explanada al culto musulmán y a las visitas, medida sin parangón desde 1967 que contribuyó a azuzar la ira musulmana. La explanada fue reabierta apenas 24 horas después de que así lo pidiera la comunidad internacional, con Estados Unidos a la cabeza, pero ayer a la mañana volvió a ser clausurada debido a los incidentes que estallaron cuando un grupo de judíos quiso acceder a ella para rezar.

Los judíos veneran el recinto como lugar de emplazamiento del Segundo Templo bíblico, destruido por los romanos hace 2.000 años.

En tanto, en un tercer episodio similar, tres militares israelíes fueron embestidos y heridos levemente por un automovilista palestino en la zona de El Arub, al sur de Belén, en Cisjordania.

Al incremento de la tensión también han contribuido las palabras de políticos de ambos lados -el presidente moderado palestino, Mahmud Abás, llamó a defender Al Aksa por todos los medios- y acciones como la decisión del Gobierno israelí de autorizar la construcción de nuevas colonias en Jerusalén Este.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, denunció que el atentado en Jerusalén "es una consecuencia directa de las palabras de Abás y de sus socios de Hamas". A lo cual, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) replicó que "es Netanyahu el verdadero protagonista de esta escalada", según Mustafa Barghouti.

El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, condenó desde París ese episodio y llamó a todas las partes a mantener la calma para crear un espacio que permita la negociación.

Agencias AFP, EFE, ANSA y Reuters,


y Ámbito Financiero

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