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Josmar, el pastor que un día secuestró un avión
Su intento de advertir personalmente al presidente Felipe Calderón de una supuesta inminente catástrofe en forma de gigantesco terremoto acabó, por el momento, en el hangar de la Policía Federal y en espera de un examen psiquiátrico.
«Viene un terremoto como nunca antes lo ha habido», dijo cuando fue presentado ante la prensa, esposado, sonriente, enérgico, ataviado con una camisa blanca.
Flores, de 44 años, es un hombre de manos grandes que se dice un pastor religioso recuperado por Dios hace diecisiete años, cuando, alcohólico y drogadicto, estaba a punto de poner fin a su propia vida.
«Me iba a electrocutar porque pensé que no podía cambiar, primero me reía de los hombres que hablaban de Dios, hasta que un día al borde del suicidio pensé: ¿Y si fuera real?», narró enfervorizado.
En Youtube se puede ver un video en el que habla de su pasado como sicario y en él demuestra su habilidad con la pistola, disparando a tres monedas en el Cañón del Sumidero de Chiapas, además de hacer una impresionante exhibición de su dominio de los «nunchakus». También se lo puede escuchar cantando un tema cristiano.
El secuestrador, según confesó, tomó conciencia en pleno vuelo de que la fecha, día nueve del mes nueve de un año acabado en nueve, leída al revés, como mandan los cánones satánicos, daba como resultado 666, el número asociado al Anticristo. Y, pasada una hora de vuelo, sacó sus latas de jugo y comenzó su cometido.
Intentó obligar al piloto a dar siete vueltas en torno del aeropuerto del DF, a donde se dirigía el vuelo, pero al no poder entrar en la cabina, no le fue posible obligarlo.
La aeronave descendió, y tras una negociación en la que insistía en hablar con Calderón, fue sometido por las fuerzas federales de seguridad.
Poco después, el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, comparecía ante una miríada de periodistas que perseguían la noticia del momento. Al fin y al cabo, México no vivía un secuestro aéreo desde 1972.
La noticia había conseguido asombrar a un país acostumbrado a escuchar sobre matanzas de narcotraficantes y huracanes devastadores.
«Ser mexicano es un don de Dios», clamó el profeta esposado ante los periodistas. «El escudo mexicano es profético; esa águila que tiene la serpiente bajo sus garras dice que Jesucristo es México y tiene a Satanás bajo sus pies», narró.
Comparecía feliz de poder aprovechar sus quince minutos de fama, sin aparente temor o preocupación al que pudiera ser su destino en manos de las autoridades.
Los periodistas disparaban una pregunta tras otra, pero ya los policías tomaban a Flores por los hombros para llevárselo y las cuestiones quedaban flotando en el aire sin respuesta. Una especialmente repetida: «¿De cuál fumaste?».
Agencia EFE


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