Éste fue un giro sorprendente para un banco que gastó miles de millones de dólares en los últimos cinco años estableciendo la plataforma de ventas físicas más grande de Nueva York.
En los papeles, parece una compra única perfecta para un rival financiero que busque entrar en el mundo de oleoductos y contenedores: una división de ventas globales de petróleo incluye un contrato que suministra a la refinería más grande de la costa este de Estados Unidos los 72 depósitos de metales de Henry Bath & Sons; un contrato de gas natural estadounidense de tres veces el tamaño de los otros bancos y suficientes contratos de electricidad para proveer a todo el estado de Indiana.
No obstante, si bien otros bancos solían competir con JP Morgan mientras adquiría partes de Bear Stearns, UBS y RBS Sempra, esta vez -con pocas excepciones- es más probable que estén vendiendo.
Bancos estadounidenses y europeos enfrentan requerimientos de capital crecientes, presiones regulatorias y reducciones de márgenes como las que están llevando a JP Morgan a salir del negocio, marcando el final de una era en la que los bancos competían por participar del mercado físico. Desde marzo, Goldman Sachs ha planteado vender su negocio de almacenaje Metro International, mientras que durante más de un año Morgan Stanley ha intentado, sin éxito, vender su vasto negocio de oleoductos y terminales.
Banqueros y fuentes de la industria dijeron que los compradores potenciales podrían provenir de una de varias áreas: bancos extranjeros como el brasileño BTG Pactual o el australiano Macquarie, que no están sujetos a las regulaciones de la Fed; comercializadoras como Vitol o Mercuria que se están expandiendo a los mercados de metales; o inversores ricos y apegados al riesgo como los fondos de capital privados o soberanos, que han incursionado ambos en la comercialización de materias primas en los últimos años.
| Agencia Reuters |


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