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Juan Gil Navarro: humanizar a Shakespeare
“Shakespeare: todos y ninguno”, el unipersonal que estrenó en 1990 Alfredo Alcón, regresó en una versión diferente, con textos actuados y no leídos, y en consonancia con los 400 años de la muerte del dramaturgo inglés.
Gil Navarro. “Leí ‘Hamlet’ a los 16 años y la obra nunca me abandonó”. Foto: Mariano Fuchila.
Periodista: ¿Qué obras seleccionaron para este nuevo unipersonal?
Juan Gil Navarro: Hamlet, Ricardo III, Enrique IV, Macbeth, Rey Lear, Julio César, Las alegres comadres de Windsor, Timón de Atenas, Coriolano, La tempestad, Otelo, Romeo y Julieta... Yo tenía ganas de hacer este año algo de Shakespeare, porque se conmemoraban los 400 años de su muerte. Y no tuve eco en ninguno de nuestros teatros. Todos los escenarios del mundo programaron algo, menos nosotros y eso que Buenos Aires es una de las plazas teatrales más fuertes.
P.: Igual siguió adelante con el proyecto...
J.G.N.: Jorge Vitti me dijo: "No busques más apoyo en el Estado. ¿Por qué no hacés el espectáculo que hacía Alcón en la Fundación Banco Patricios?". Pero esta vez, Jorge quiso que memorizara los textos, ya que Alcón lo hacía leyendo el libreto. Así que tuvimos que trabajar mucho. Fue como templar una katana, esas espadas de samurai que exigen un trabajo largo y minucioso.
P.: Para interpretar a Shakespeare hay que internarse en la quintaesencia de la experiencia humana.
J. G. N.: Alcón decía que era un ejercicio de humillación porque uno nunca llegaba a todas las teclas. Son textos tan magníficos que exigen trabajar mucho para estar a su altura. Y para eso hay que poner mucho de tu vida y experiencias. Es un ejercicio de honestidad, si no quedás afuera. Para mí el mayor triunfo sería que la gente salga diciendo: ´Ah, de esas cosas hablaba Shakespeare, éstas eran las palabras que usaba, y yo las puedo entender...´.
P.: Además de los consejos que le dio Alcón... ¿a qué otras fuentes recurrió?
J.G.N.: Leí "Hamlet" por primera vez a los 16 ó 17 años, después de haber visto la película de Zeffirelli, con Mel Gibson y Glenn Close. Tenía las obras completas en casa y así empecé. Y sigo teniendo mi corazoncito en "Hamlet". También me apasiona "Ricardo III", que con toda su maldad tiene momentos muy cómicos y de gran complicidad con el público, cosa que supo tomar Kevin Spacey para "House of Cards". Hace poco lo vi en "Now", un documental que me voló la cabeza. Lo recomiendo. Es sobre la gira mundial que hizo con "Ricardo III", dirigido por Sam Mendes. También me sirvió mucho el documental de Al Pacino "En busca de Ricardo III (Looking for Richard, 1996) y "Acting Shakespeare", un unipersonal de Ian McKellen de la década del '80 que puede verse por You Tube. El es un gran actor y además sabe un montón porque fue a Cambridge y se especializó en literatura inglesa. Es como tener a Borges haciendo las sagas islandesas.
P.: Shakespeare no tiene por qué ser aburrido.
J. G. N.: Para mí es fundamental que la gente se ría y disfrute de textos tan vitales. Por ahí piensan que son muy pesados, pero los clásicos no son aburridos. Sólo si están mal hechos son una porquería, o si son solemnes...
P.: También está en el elenco de "Deseo", junto a Julieta Ortega, Alejandro Paker y Moro Anghileri.
J. G. N.: Sí. Los sábados hago doblete. Después de Shakespeare, corro -literalmente- ciento cincuenta metros para llegar al Teatro Metropolitan y hacer esta obra del español Miguel del Arco, que dirige Alejandra Ciurlanti. Es sobre una mujer casada a la que una amiga del gimnasio (soltera) le cuenta sus anécdotas sexuales hasta convencerla de llevar a cabo un experimento en una casa de fin de semana. Es un juego de seducción que involucrará al marido y a un amigo de éste que está recién separado.
P.: ¿Usted interpreta al marido serio e intelectual?
J. G. N.: Sí, el mismo que después derrapa. Eso es lo interesante, por lo menos para mí, que a mis 43 años y con determinadas experiencias vividas disfruto de poder decirle a la gente: "¿Ustedes creen que son normales?¿creen que tienen rellenos todos los casilleritos con los colores que les dicen que hay que pintar o se dejan atravesar por este quilombo que significa estar vivos?". La obra plantea que uno puede querer dos cosas opuestas al mismo tiempo. Y en algún lugar esto es un link con lo que nos sucede hoy como sociedad. Esto de tener que estar de un lado o del otro para mí no va. Creo que lo más interesante es habitar esa grieta. Basta con observar que tanto de un lado como del otro hay cosas que están buenas y otras que están mal. Salgamos de esta adolescencia eterna que siempre nos trae tantos problemas.


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