23 de septiembre 2011 - 00:00

Juan M. Solare: el más allá del tango

Solare: «Componer es adaptar las ideas aisladas a un contexto realista, practicable».
Solare: «Componer es adaptar las ideas aisladas a un contexto realista, practicable».
Radicado desde la década del 90 en Alemania (donde completó su formación con, entre otros, Mauricio Kagel), el compositor y pianista Juan María Solare está en la Argentina para realizar hasta el 17 de octubre una serie de presentaciones que abarcarán el tango y la música académica en recitales y conciertos en esta ciudad y en La Plata, Tandil y Mar del Plata, comenzando por su actuación en la Facultad de Derecho mañana a las 16, con «Tango y más allá». Dialogamos con él:

Periodista: ¿Cuáles suelen ser sus puntos de partida para la composición? ¿Cómo es el desarrollo y concreción de sus ideas?

Juan María Solare: La inspiración está en todas partes, si uno está alerta. Los puntos de partida pueden ser pinturas, conversaciones, formas, números, rostros, libros, comportamiento animal, mapas, estar enamorado, un ejecutante desprejuiciado... El punto concreto de partida suele ser una idea pequeña, un chispazo melódico o rítmico. Luego salto a inventar una forma general, una estructura robusta y confiable donde esta pequeña idea pueda rendir al máximo. Componer es adaptar las ideas aisladas a un contexto realista, practicable. Y luego se trata de unir ambos extremos: la dimensión menuda, subatómica, con la macro-dimensión. Es un trabajo en dos direcciones simultáneamente.

P.: ¿Cómo influye lo académico en su abordaje del tango y viceversa a la hora de interpretar?

J.M.S.: La técnica pianística del tango no es intrínsecamente distinta de la clásica, y esto lo aprendí de Horacio Salgán, que admira a Albéniz como yo a Liszt. De lo académico rescato sobre todo la disciplina de estudio y el amor a la precisión, y del tango la flexibilidad y la relativización de la partitura. Yo no le voy a cambiar las notas a Chopin, pero consta históricamente que él mismo tocaba muchas de sus obras de manera bastante distinta en cada concierto, y no por error. La comunidad musical académica no lo aceptaría de un pianista actual, pero en el tango es casi obligatorio, porque no se ve bien a un intérprete que copie literalmente lo que ha tocado otro. Tocar perfecto implica transmitir algo, no únicamente acertarle a las teclas.

P.: ¿Y a la hora de componer?

J.M.S.: El mundo académico me dio una técnica de escritura a prueba de balas. Nada es más triste que tener una buena idea y no ser capaz de plasmarla. Del tango obtuve la certeza de que cualquier idea que se me ocurra puede, con técnica, transformarse en una obra entre decente y estupenda. Si se mantiene el nivel de autocrítica a raya, la intuición puede desarrollarse. Esto que aprendí del tango lo aplico también a mis obras «académicas».

P.: Respecto de las interpretaciones de obras suyas por otros músicos, ¿cuál es su actitud y la de ellos? ¿Lo consultan sobre determinadas cuestiones? ¿Hace sugerencias o les da una completa libertad?

J.M.S.: Entra en escena el Tao de la Diplomacia, y en ese punto he visto mancar a muchos compositores. Los intérpretes que me consultan es porque respetan la obra y creen que vale la pena invertir tiempo en estudiarla, yo admiro muchísimo eso. En general conozco perfectamente mi obra y puedo advertir el más mínimo error, lo cual aumenta mi autoridad ante los intérpretes. Creo que el compositor es responsable del resultado sonoro de lo que ha escrito, incluyendo el estreno, y luego, si no es sordo, hará correcciones y precisiones en la partitura. Otros intérpretes no consultan, y por esta razón no puedo saber cómo han trabajado hasta que es demasiado tarde, o a veces jamás, pero me he llevado gratísimas sorpresas. Es bueno poder dar un paso atrás y darles rienda a los intérpretes para que descubran en la obra cosas que uno no había visto. El intérprete que logra una expresión personal con tu obra es como si creara un ángel. Doy sugerencias sobre todo cuando veo que están algo perdidos, para acercarlos a la obra, pero en un punto deben tomar decisiones estéticas por sí mismos.

P.: Un profesor de un instrumento puede transmitir fácilmente su técnica y su experiencia a sus discípulos. ¿Qué desafíos plantea en ese sentido la enseñanza de la composición?

J.M.S.: La diferencia básica es que el maestro de piano transmite una técnica y el de composición debe reconocer rasgos del estilo que está en embrión en su alumno y mostrárselo para que lo reconozca, lo desarrolle y llegue a un sistema de expresión coherente y consonante con su personalidad. En general el estilo no se decide, se descubre; no se transmite y mucho menos se impone. El éxito de un profesor de composición estará dado por la diversidad estilística de sus alumnos. Le doy mucho valor a la notación, porque aquí la falta de claridad es mortal.

Entrevista de Margarita Pollini

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