26 de junio 2009 - 00:00

Kirchner místico en un show para retener voto PJ

Kirchner místico en un show para retener voto PJ
«Éste va a ser el mejor Gobierno de la democracia... de todos los tiempos». El anexado, Néstor Kirchner, lo pronunció susurrante. Atardecía en La Matanza; y llorosa, la Presidente no quitaba los ojos de encima de su esposo y candidato en suspenso.

Épico, el patagónico con sede permanente en Vicente López, postuló a su mujer, Cristina de Kirchner, al podio de la historia y eslabonó el pulseo del domingo en Buenos Aires con las escalas míticas del peronismo: lo comparó con «el 46, el 73 y el 2003». Una invocación para cautivar el voto del peronismo.

En el Mercado Central, entre la cábala y la mística del tumulto, Kirchner clausuró ayer la campaña más ríspida desde que en 2003 rasguñaba un butaca en el ballottage. Esta vez la ley de la física política le señala un declive y no, como entonces, un ascenso.

Nubarrones

El de ayer pudo haber sido el último acto de Kirchner como jefe, formal y natural, del PJ. Las probabilidades le muestran, como nunca desde que llegó a presidente, los nubarrones cercanos de una derrota. Más: no se perfila escenario de una victoria propia.

En rigor, sólo Alberto Balestrini, dueño de casa, se animó a pronosticar un «triunfo seguro». Kirchner martilló, en cambio, con «hacer memoria» a la hora de votar. ¿Será que el vice se ve ganador más allá de cómo le vaya a su «amigo» ex presidente?

El peronismo -el bonaerense- le sirvió una fiesta: la organización, adicta a las amplificaciones, contó 40 mil personas. No había tantas, pero Kirchner se volvió a Olivos con ruido de gargantas y la euforia que esparce, aun temeroso, el PJ.

Un cuadro típico: amontonados en el playón, las columnas aportadas por intendentes, gremios y movimientos sociales. Sobre los palcos, a los costados del central -con Cristina al frente de la mesa principal-, se repartían ministros y caciques del conurbano.

Tuvo sus instantes de fantasía. Antes de empezar a hablar escuchó, parado frente al micrófono, durante 5 minutos que se coreaba la marcha «a capella». Pero la música oficial del acto fue otra: el tema Compañeros, en dos versiones -una ochentosa; otra más rockera grabada por el grupo Carril Izquierda-, sonó toda la tarde.

Hasta Cristina bailó y siguió, en voz baja, la letra que presume que «los días más felices siempre fueron peronistas». El sello de autores que compusieron para Sandro y esta vez le compusieron un fraseo a Kirchner.

No fue la única melodía. En otro tramo, inducido por Kirchner, irrumpió otro coreo: «El que no salta es de Clarín», sonó tras sus críticas al grupo.

La ley de radiodifusión -que todavía no envió al Congreso a pesar de que habían anunciado que lo harían para el Día del Periodista- fue uno de los ejes del discurso: «Bastó que diga que habría una nueva ley para que comiencen a atacarla», aseguró.

Metralla

A las 17.18 comenzó su discurso manso y breve. Un recitado de la Biblia K, con metralla contra el 90, autoelogios por las AFJP y una minuciosa enumeración de los porqué y para qué de cada estatización que, observó retórico, no fueron estatizaciones.

«Aerolíneas no se estatizó: el Gobierno se hizo cargo con los trabajadores de una empresa de servicios que estaba en ruinas», dijo. Y dibujó una respuesta a las críticas por el millón de dólares diario que cuesta AA. «La rentabilidad se mide por la conectividad».

La referencia le sirvió para apuntar, sin nombrarlos, contra Francisco de Narváez y Mauricio Macri. «Quieren privatizar, quieren recortar los sueldos y a los jubilados», avanzó sobre el principal eje opositor con el que deberá competir este domingo.

Defensa

En el barrido crítico no hizo salvedades: a Julio Cobos -«por poner en riesgo la gobernabilidad y armar listas contra el Gobierno mientras ocupa un cargo institucional»-, a la prensa -centralizó en Clarín «por actuar como un partido político»-, y a la oposición.

Lo matizó con defensas cerradas de su esposa. «Nunca ocurrió que a una presidente, electa por mayoría, la comiencen a atacar desde el primer momento».

Antes, Daniel Scioli había aportado la cuota de mayor virulencia -un indicio de la mansedumbre de Kirchner- de la tarde: despertó a la tropa con ráfagas contra De Narváez y Macri, por sus contradicciones y por activar una sola industria: «la del rumor».

Le dedicó varios párrafos a Kirchner: entre los halagos, destacó que aceptó ser candidato en la provincia. «Néstor, cada día me convenzo más de que fue lo correcto haber decidido ponernos al frente de esa lucha», aseguró el gobernador y candidato a diputado.

Se turnaron, en el saludo, Balestrini y el intendente local Fernando Espinoza, que invitó a ir a votar «silbando la marchita», pero hizo una observación: «Sólo hasta la puerta de la escuela, si no es voto cantado».

Los papelitos del final, la recorrida del matrimonio por un corralito y los saludos, mientras se desparramaban los micros de regreso, clausuró la campaña.

En ese mismo momento, su destino dejó de pertenecerle.

P.I.

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