4 de septiembre 2009 - 00:00

Kirchner en versión mansa: “No eché ni descalifico a nadie”

Néstor Kirchner, ayer en La Plata, flanqueado por Alberto Balestrini y Julio Alak, que después le dejó su butaca a Daniel Scioli.
Néstor Kirchner, ayer en La Plata, flanqueado por Alberto Balestrini y Julio Alak, que después le dejó su butaca a Daniel Scioli.
Como un extranjero o un recién llegado, Néstor Kirchner se declaró ayer ajeno a todo. Fuera de Olivos, donde pergeña aprietes y cacerías, cuando sale a la calle el patagónico activa su versión mansa que dicta indultos públicos luego de condenas privadas.

Ayer, en La Plata, tercera escala de sus giras territoriales -antes fue a Quilmes y Tres de Febrero-, Kirchner se desentendió de la caída del ex ministro Emilio Monzó, del operativo desgaste sobre Daniel Scioli y de la embestida K contra el local Pablo Bruera.

«No conozco a Monzó», dijo sobre el primer punto; Scioli «debe seguir como gobernador», agregó sobre el segundo; y «no estoy acá para descalificar a nadie», aportó sobre el tercer ítem, respecto del cual avisó que compartirá actividad con el intendente de La Plata.

Todo se explica: Kirchner usó la cita de anoche como trinchera para descargar las maldiciones que pronuncia ante pocos en Olivos en referencia a la guerra con el Grupo Clarín, por la cual defiende la ley de medios oficial y el rechazo del COMFER a la fusión de CableVisión y Multicanal (ver pág. 9).

El mapa, debajo de esa superficie de bondades y sonrisas, es bien distinto. Los tres episodios -Monzó, fondos para Scioli y Bruera- son piezas de un esquema similar, diseñado por Kirchner, para impedir cualquier disidencia a su figura en el peronismo.

«Estoy sorprendido. No me animaría bajo ningún aspecto, porque no me hubiera gustado cuando fui intendente, gobernador o presidente, que alguien me hubiera querido imponer un ministro y menos con Daniel, a quien le tengo un profundo afecto», dijo sobre el caso Monzó.

Entelequia

De todos modos, en los últimos meses, la Casa Rosada en al menos tres ocasiones pidió la salida del ahora ex ministro de Asuntos Agrarios. Ahora, a punto de reasumir como diputado, Monzó promete un equilibrio imposible: hacer sciolismo no K. Una entelequia.

Más temprano, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, también se preocupó por despegar a la Casa Rosada del reemplazo de Monzó por el intendente de Chivilcoy, Ariel Franetovich -tributario de Florencio Randazzo-, que ayer dio un primer indicio de sintonía con Olivos al criticar los piquetes y tractorazos de los chacareros.

La simulada ajenidad de Kirchner también alcanzó a Scioli, cuando el ex presidente atribuyó a terceros, tan malditos como abstractos, que haya existido una presión sobre el gobernador, operativo que incluía una avanzada para hacerlo asumir como diputado en diciembre.

Contó, en ese caso, que al leer las versiones sobre el potencial reemplazo de Scioli por su vice, Alberto Balestrini, llamó al gobernador para decirle que «lleve la gobernación adelante». En esa línea agregó, luego, que «Daniel tiene que seguir como gobernador».

Un guiño tibio luego de que el gobernador desechara los apenas incipientes planes de autonomía.

«Los rumores son rumores», completó como si esos movimientos fuesen espasmos innominados, y la demora, intencional, en el envío de fondos de la Nación a la provincia -lo que tuvo a Scioli a punto de no poder pagar los sueldos a tiempo- fuera un hecho casual.

Sobre la cuestión de los recursos provinciales, tema que Scioli llevó a la Casa Rosada en forma de propuesta para «dolarizar» el Fondo del Conurbano para incrementar los recursos que recibe Buenos Aires, Kirchner lo derivó al Congreso Nacional, aunque confió que «sería bueno» que mejore la participación bonaerense en el reparto de los recursos federales.

En cuanto a la relación con el intendente de La Plata, Pablo Bruera, y a su presencia ayer en un encuentro organizado por rivales del jefe comunal, encabezados por el ministro de Justicia, Julio Alak, Kirchner repitió el libreto de la mansedumbre expresa.

«Me invitaron y cuando un grupo de compañeros me invita, yo no me fijo quiénes vienen y quiénes no», afirmó. Luego aseguró que en algún momento compartirá actos con Bruera. «Yo no vine a descalificar a nadie». Lo dijo escoltado por un elenco que tiene al intendente como blanco móvil.

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