Llama la atención que el autoproclamado "califato" no lo haya reivindicado. Tras el estallido de un avión de pasajeros ruso sobre la península del Sinaí en octubre y los atentados de París de noviembre, los extremistas se atribuyeron públicamente la responsabilidad. Pero esta vez callan, aunque lo habitual en el marco de la estrategia propagandística del grupo sería reconocer la masacre.
Además, con el atentado del martes el EI se dirige contra un país que fue acusado continuamente de tolerar o incluso apoyar a los extremistas, con la esperanza de que contribuyeran a la caída del régimen sirio. La sospecha versa que el exjefe de Gobierno y actual presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, dejara libertad al EI a cambio de que éste no atacara en Turquía. Así, al menos desde el asalto del EI a la ciudad siria de Kobane, en la frontera con Turquía, en otoño (boreal) de 2014, el Gobierno turco se vio expuesto a la sospecha de que su verdadero enemigo no eran los yihadistas, sino las milicias aliadas con el proscrito Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) que combatían a los extremistas del EI en el norte de Siria.
Las tropas turcas miraban entonces desde la frontera, de brazos cruzados, cómo los yihadistas amenazaban con entrar a la ciudad. Y sólo cuando Kobane estaba a punto de caer, Turquía permitió a los combatientes kurdos de Irak, conocidos como peshmerga, pasar por su territorio para acudir en ayuda de los kurdos sirios amenazados.
Hasta ese momento creció dramáticamente la presión a Erdogan para que hiciera más contra el Estado Islámico. Representantes del Gobierno estadounidense en el anonimato criticaron entonces en The New York Times: "Así no actúa un aliado de la OTAN mientras a puertas de su frontera estalla un infierno". También provocó tensión la negativa de Turquía a permitir a Estados Unidos utilizar la base aérea de la OTAN en Incirlik para atacar al EI en Siria y el norte de Irak, algo a lo que sólo accedió el pasado julio. Entonces, Turquía llevó a cabo por primera vez ataques contra posiciones del EI en el norte de Siria. Al mismo tiempo, comenzó también a atacar posiciones del PKK en el norte de Irak. Y entonces Turquía se vio expuesta a la acusación de querer erradicar al Partido de los Trabajadores bajo el pretexto de luchar contra el terrorismo. Lo que apunta a una posible autoría del atentado por el EI es un cambio en la política turca. Pese a que Ankara amplió y endureció la lucha contra los kurdos y señalado que entre el terrorismo del PKK y del EI no hay diferencias, también aumentó considerablemente su compromiso contra la milicia terrorista, debido entre otras cosas a otros graves atentados cometidos en suelo turco antes del de Estambul.
Así, la frontera entre Turquía y el territorio que controla el EI en Siria ya no es tan permeable como hace meses. Los soldados turcos forman a los peshmerga kurdos en el norte de Irak en la lucha contra los extremistas. Y desde Turquía despegan los aviones de la coalición internacional contra el EI. También Davutoglu se mostró firme en la lucha contra el EI. Pero en la noche del martes tras el atentado, a los primeros a los que el Ejército turco dirigió sus ataques aéreos fue al PKK en el norte de Irak.
| Agencia DPA |


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