La ardua tarea de distinguir al buen arte del fraude

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Diálogo con Andrés Duprat, guionista de "Mi obra maestra". El director del Museo de Bellas Artes, también autor del libro del film recién estrenado con Guillermo Francella y Luis Brandoni (que competirá en la Mostra de Venecia), se refiere a la trastienda del arte y sus imitadores.

"¡Pero si el arte es un fraude!", exclama Luis Brandoni en una escena de "Mi obra maestra". "¡Yo mismo digo a veces que el arte es un fraude!", exclama también Andrés Duprat, que además de guionista de la película es director del Museo Nacional de Bellas Artes. ¿Habrá una contradicción? Dialogamos con él:

Periodista: ¿Hubo alguna vez una estafa como la que vemos en "Mi obra maestra"?

Andrés Duprat: Que yo sepa, no. En cambio, la sospecha habitual es que ciertos pintores ponen al pie una fecha falsa para captar a los coleccionistas que buscan obras de un determinado período. Eso dicen.

P.: Sospecha extensible a ciertas etiquetas de vinos. ¿Y qué hacer ante los falsificadores tradicionales?

A.D.: Un día León Ferrari vio en el catálogo de un museo norteamericano dos obras que no eran suyas pero figuraban con su firma. De algún modo, pudo contactar al falsificador, ¡y llegaron a tener una buena relación! No digo amistad. Él era generoso, pero no le gustaba el engaño.

P.: ¿Cómo reacciona un museo cuando advierte una estafa?

A.D.: En "F for Fake", de Orson Welles, se dice que todos los museos están plagados de obras falsas. Existe ese temor, pero no tanto en los museos de bellas artes, porque la pintura figurativa es muy difícil de imitar. Pero hay otra cuestión, cuando una obra se atribuyó durante siglos a un autor y de pronto los expertos determinan que no era suya, entonces esa obra pierde valor. Pero ahí está, y es buenísima. ¿Y ahora pasa a ser mala?

P.: ¿De quién depende esa opinión?

A.D.: Al Museo de Bellas Artes, que es de entrada gratuita, vienen tanto el profesor de una universidad europea como el vendedor de pochoclos de aquí al lado, porque el arte no es sólo para los expertos sino para toda la gente. Importa la conexión directa con la obra. El problema es cuando la crítica, o una institución, decretan lo que es arte y el hombre común dice "yo no lo entiendo, pero debe ser importante". Ese respeto es mal consejero. Como hoy las artes visuales están tan desconectadas de la gente, se creó un vacío que fue llenado por los mediadores. Es raro que no puedas ver una pintura sin que vengan a interpretarla. Sobre eso hay un lindo libro de Susan Sontag, "Contra la interpretación". Ante esos mediadores, alguna gente que no quiere que la llamen ignorante, o tiene la estima baja, o quiere pertenecer a un determinado círculo, termina sucumbiendo. Algo similar pasa en el cine. Por suerte, Mariano Cohn y mi hermano Gastón, que por sus antecedentes hubieran podido hacer un cine solo para una cofradía, prefirieron hacer cine de rango amplio, para todo público.

P.: Y usted les escribe los guiones.

A.D.: Ser guionista es trabajo, no viene por iluminación. Es difícil conjugar esas dos realidades, ese encuentro entre dos mundos que exponemos en nuestras películas, y donde yo también estoy inserto. Por ahí estoy escribiendo al mismo tiempo el texto para un catálogo lleno de citas eruditas, y el guión de una película con diálogos cotidianos.

P.: Y con artistas a un costado del pedestal.

A.D.: Los pintores que conocí en viejas épocas eran gente bastante en estado salvaje, que atendían en los bares, eso está en el personaje de Brandoni, con la bohemia y la decadencia también, porque era mejor tenerlos de amigos que de padres. Artistas que se van extinguiendo, de esos que pintan porque está en su naturaleza, sin la ansiedad de hacer carrera, como veo en algunos plásticos jóvenes.

P.: ¿Qué viene ahora?

A.D.: El 24 de septiembre inauguramos una muestra, cedida por la Tate Collection, de 85 acuarelas de William Turner, nada menos, un hombre de una sensibilidad enorme, que se adelantó a los impresionistas. Lástima que no podamos retribuirle. Los museos intercambian temporalmente sus obras; eso favorecería nuestro prestigio, pero ¿recuerda cuando los fondos buitre embargaron la fragata Libertad? Ahora sólo quedan unos pocos buitres descontentos, pero cualquiera de ellos podría embargarnos un cuadro apenas sepa que ha salido del país, porque se trata de una propiedad nacional. Así que por ahora el Moma de New York pide una obra de Lucio Fontana, el Museo de Orsay pide "La ninfa sorprendida" para completar una muestra de Edouard Manet, y debemos negarnos.

P.: ¿Y si les mandan una copia?

A.D.: Eso se me ocurrió para una película satírica. Enviamos copias de los cuadros, los buitres los embargan creyendo que son los originales, se los quedan, ¡y así cancelamos la deuda!

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