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La Argentina debe recuperar el liderazgo perdido
Sin intención de ahondar aquí en detalles históricos y casi 100 años después de aquel apogeo, a pesar de algunos avances nos encontramos lamentablemente cada vez más lejos de ocupar aquel lugar de «laureles que supimos conseguir» en la estructura internacional, mientras que países como Brasil, China, India, el sudeste asiático y otras potencias que han emergido en los últimos 10 o 15 años han avanzado a pasos agigantados.
Sin liderazgo
Tuvimos años de crecimiento, no hay que negarlo, sobre todo promediando la década del 40 con el general Perón a la cabeza, en otros momentos de nuestra historia y también en los años que siguieron a la crisis de 2001, pero no hemos logrado establecer un verdadero liderazgo argentino en la región ni la presencia que el país se merece y necesita en el mundo, además de los problemas económicos que afrontamos hoy, como la creciente inflación, la falta de crédito internacional y el manejo del INDEC, entre otros.
Así como tampoco hemos logrado consolidar nuestra fortaleza interna, sobre todo en el plano institucional e interpartidario, aunque menos aún en el contexto internacional.
Para lograr esto, es necesario llevar a la práctica un diálogo realista y un verdadero consenso intra e interpartidario, enmarcando cada acción en una estrategia seria de largo plazo, explotando en simultáneo las potencialidades de nuestro país, que son numerosas y de un nivel comparable al de los países del Primer Mundo: el potencial educativo y de los recursos humanos, el sector alimentario, el desarrollo del know-how científico, el sector energético, las industrias culturales, la salud, etcétera.
En este sentido, se torna fundamental hacer de la responsabilidad la principal cualidad del sector gobernante y de la clase política en general, que no siempre ha estado entre las más destacadas. Es necesario realizar una autocrítica profunda para entender y enfrentar con madurez y entereza los desafíos tanto del presente como los que vendrán, en un futuro que ya está aquí y que debemos encarar desde el ahora con optimismo pero también con realismo.
Para ello, nada más fundamental que observar y recuperar los valores positivos de nuestras raíces, reflexionar sobre nuestros errores históricos, pero también y principalmente tomando conciencia de todas nuestras virtudes y cualidades como ciudadanos argentinos frente al mundo globalizado y hacia dentro de nuestro territorio; y explotarlas en su máxima expresión.
A partir de esto, y como paso necesario y simultáneo, es plausible observar los ejemplos exitosos de otros países, tanto vecinos como lejanos. El ejemplo de Brasil es el más cercano e importante, al ser nuestro principal socio comercial, y además debería serlo más profundamente en lo político y de una manera más complementaria en lo económico. Siendo hijo de inmigrantes portugueses, he prestado siempre especial atención a lo que sucede en Brasil, y estoy convencido de que debe ser el socio clave de la Argentina. Un Estado que ha sabido construirse y forjar una identidad clara a través de las décadas, con proyectos firmes y de largo plazo. No podemos desaprovecharlo asociándonos unilateralmente con países que no nos convienen del todo.
Lula Da Silva ha sido reconocido como el mejor mandatario de América Latina. Bajo su presidencia se ha expandido notablemente la economía y ha entablado relaciones internacionales mediante lazos igualitarios con potencias mundiales, y alcanzó Brasil a convertirse en una de ellas. Un ex obrero y sindicalista que ha llegado a poner a la República -junto a un destacado grupo de colaboradores- en un rol de liderazgo en la escena internacional y sin descuidar, al mismo tiempo, las políticas socioeconómicas hacia adentro de ese gigante sudamericano, habiendo logrado que más de 30 millones de brasileros salieran de la pobreza.
En este sentido, la República Argentina tiene, aun con menor población, las mismas capacidades, pero aún no explotadas. Con autocrítica, mayor consenso y seriedad en las políticas de Estado nuestro país puede ubicarse entre las principales potencias del mundo. Es nuestra responsabilidad, y nuestra obligación como gobernantes, trabajar en ello evitando políticas y actitudes confrontativas.
Ejemplos
El ejemplo de Chile también es válido, habiendo logrado convertirse en una de las economías más desarrolladas de América Latina a través de su modelo de producción competitiva, aunque en este momento esté pasando un momento crítico debido al lamentable terremoto que azotó la región poco tiempo atrás. Y al mismo tiempo, también debemos tener en cuenta distintos aspectos en países extracontinentales, como la India, potencia tecnológica y de software en el mundo; el de China, que seguramente será la principal potencia mundial en los próximos 20 años, también y en diversos aspectos de los Estados Unidos, de la Unión Europea, del Japón, y otras tantas experiencias ejemplificadoras.
La readecuación de los valores históricos nacionales, adaptándolos a los tiempos ultramodernos que corren hoy día, el diálogo intersectorial y el consenso entre todas las fuerzas políticas, productivas y socioculturales, ampliando la participación a los sectores que aún no tienen voz en el país son pasos esenciales que debemos dar los argentinos para afianzar políticas en el largo plazo para que la República recupere el liderazgo que, haya sido real o no, debe ejercer en la región y simultáneamente un lugar preponderante en el sistema internacional.


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