La Argentina enfrenta un problema político, no económico

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Así como está, no es un país productivo, competitivo ni eficiente. Tiene que cambiar su esquema de gastos y de ingresos para resolver su déficit fiscal estructural.

Según el diccionario, económica es la ciencia social que estudia la escasez, y las teorías de valor surgen precisamente por esa escasez.

La política es la ciencia que estudia cómo organizarse para poder distribuir mejor y resolver los problemas de escasez.

Para mí es claro que la Argentina tiene un problema de organización y distribución más que de escasez.

Está claro que la Argentina, así como esta no es productiva, competitiva ni eficiente. Tiene que cambiar su estructura de gastos y de ingresos para resolver su problema estructural de déficit fiscal.

Muy positivo es el hecho que, por primera vez en mucho tiempo, los argentinos decidimos discutir nuestro futuro y ya no tanto nuestro pasado.

Esta gestión puso sobre la mesa cuatro aspectos estructurales importantísimos, poniendo en el centro los principales cuellos de botella que no nos dejan ser sustentables. Nuestro déficit previsional, nuestro régimen laboral, nuestro régimen fiscal y la relación con las provincias.

La buena noticia es que el Gobierno lo puso en agenda y no tiene mayorías en el congreso, por lo tanto van a tener que salir cambios consensuados. Va ser difícil, pero de logralo tendrá más fuerza el cambio. Los mercados premian cuando las cosas se logran con acuerdos voluntarios y castigan cuando se imponen.

Pero no alcanza con la intención de un Gobierno ni del Gongreso. La población tendrá que ejercer su presión para que estos cambios se produzcan.

Mi miedo es que crecimos en una sociedad donde nos gusta que nos mientan, nos gusta que nos prometan, aprendimos a crecer con el refrán que lo último que se pierde es la esperanza. No gusta aferrarnos a un dogma, a un fundamentalismo y a esperar que alguien o algo nos salve, en fin, a depositar en otro nuestra fe de estar mejor o a quien responsabilizar si las cosas no salen bien.

Es evidente cómo nos gusta el verso, incluso en economía y finanzas. También es obvio que de ello se aprovechan tantos bancos, las grandes cadenas y por sobre todo "los políticos" y algunos estafadores más cuyos escándalos son noticia periódicamente. El sentido común muestra que es muy caro ser pobre en Argentina. El que tiene dinero puede viajar y comprarse ropa o tecnología en otro país a mitad de precio. El más pobre tiene que comprarse la ropa, un auto, una heladera al triple que un camarada chileno.

El que tiene dinero puede comprar al por mayor, tiene varias tarjetas de crédito con descuentos o compra con Club La Nación. El pobre tiene que pagar de contado y tiene que comprar envase chico que cuesta más. Los más pudientes tienen 50 pesos para comprarse un agua de 2 litros, pero el pobre puede comprarse de a medio litro con 25 pesos. Ya no sé si es solo educación, me parece que obviamos "el sentido común"

Está "el político tipo 1" que proclama que los ricos deberían pagar cada vez más impuestos, se llegó a plantear por ejemplo, con el campo y las retenciones un 70% . En la última reforma escuche a alguien pedir un 42% de Impuestos a las Ganancias más IVA y todos los ya existentes daría un 65% de impuestos por sus ingresos.

No voy a entrar en si es injusto o no, pero pongamos a ese reclamo un poco de sentido común. ¿Vale la pena esforzarse y arriesgar a emprender algo, dando trabajo para ganar sólo un 30/35% de todo lo que uno genera?)

¿Qué pasaría si alguien que hoy por cada 100.000 pesos que gana se queda con 30.000 mil para él y 70.000 para el Estado, sin darte mucho a cambio?

No entremos en ideologías ni en cifras, sólo usemos el sentido común: ¿Qué haríamos muchos en ese caso?. La mayoría pierde el incentivo a crear, a arriesgar, a crecer. Y si lo hacen los mejores deportistas lo harían los mejores profesionales en todos los campos. Porque a nadie le gusta trabajar para quedarse sólo con un 30% del fruto de su trabajo.

El gravar con el 70% de los beneficios, termina provocando la famosa fuga de capitales y lo que es peor de talentos, como tanta experiencia tenemos acá.

Y repito que no hace falta ser economista para verlo, sólo con sentido común se puede comprobar que una medida fiscal tan extrema sería aplicable si todos los países del mundo la aplicaran para que no hubiera donde ir y no es el caso.

También hay "políticos tipo 2", que afirman que para terminar con el desempleo lo mejor es contratarlos como empleados públicos. No hablamos de más maestros o médicos o policías, Si los desempleados vienen del comercio, de la banca o de la industria textil ¿dónde se colocarían, con qué sueldos y de qué manera?

¿Qué incentivo tendría el conjunto de trabajadores privados y autónomos al saber que las administraciones públicas contratan por contratar?. Vamos a utilizar el sentido común para averiguar si es factible una medida así. Actualmente hay unos 4 millones de empleados públicos, y 7 millones de desempleados. Por lo tanto pasaríamos a tener 11 millones de empleados públicos. Supondría casi triplicar el déficit público actual, lo que llevaría a más emisiones de deuda, o más emisión, o sea más licuación del valor de nuestra moneda, y además sería inaceptable dentro de la economía mundial. Use el sentido común. Esta propuesta provocaría un agujero estructural puesto que es un gasto anual que se mantendría en el tiempo. ¿Quién lo paga?

Está bien, acepto que ese gasto incentiva al consumo, pero también ya lo vimos, ese consumo demanda productos, esos productos para producirlos necesitan inversión, para que haya inversión tiene que haber cuentas ordenadas, si te tocan "políticos tipo 1" que te comen a impuestos o "políticos tipo

2" que te endeudan o generan inflación, use el sentido común para preguntarse: ¿quién va a invertir? A ese ritmo todos terminaríamos siendo empleados públicos.

También hay "políticos tipo 3", que defienden que si necesitamos dinero, lo único que tenemos que hacer es imprimirlo. Incluso sin saber que es un error confundir riqueza con dinero y hasta desconociendo que un Gobierno que emite dinero sin respaldo acaba empobreciendo a su pueblo vía inflación y que con una divisa sin valor no podríamos ni pagar las importaciones, con lo cual nos quedamos desabastecidos.

De nuevo el sentido común nos debería avisar que si todo fuera tan fácil como imprimir dinero cada vez que se necesitara, todos los países lo harían y nunca habría deudas ni problemas económicos en ninguna parte nunca.

Sentido Común.

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