Los mercados bursátiles no son islas alejadas de la realidad; nacen, crecen, enferman, curan o desaparecen siguiendo los vaivenes que marcan la economía y la política. El ejemplo más dramático puede ser el de la Argentina, cuya capitalización bursátil en 1991 era más del 43% de la brasileña, se redujo al 18% en 2001, al 4% en 2011 y según los últimos datos ronda el 2,5% (dólar oficial, FIVB). Más que con cuestiones del sistema bursátil o la economía (el PBI argentino que hasta 1967 fue mayor que el brasileño, rondaba en 1991 el 47%, en 2001 el 49% y hoy es inferior al 18%), la aceleración de la desaparición del mercado argentino en la última década y en particular el último año muestra el brutal efecto de los sistemas políticos (en 1991 la capitalización argentina era el 0,165% de la mundial, en 2001 era el 0,125%, en 2011 era el 0,096% y hoy es menos del 0,053%; recordemos: a dólar oficial). Estos vaivenes afectan incluso al sistema bursátil norteamericano cuya capitalización pasó del 36,4% al 52,5% de la mundial durante la gestión de Bill Clinton, se redujo al 41% con Gerorge Bush y se ha derrumbado al 33,3% con Obama. Las personas aman la libertad y les huyen -al menos quienes pueden hacerlo con su dinero- a los gobiernos populistas o fascistas. El volumen diario promedio en ETF, acciones y futuros en Wall Street fue este año -con cuatro de los meses calendarios mas pobres desde 2007; el resto aquel año- el menor desde 2008. Más allá de las noticias puntuales, el 0,62% (el 0,99% de la semana o el 7,67% del año) que ganó el Dow al cerrar el viernes en 13.155,13 puntos, tal vez se vincule a este «achique» del mercado que ha hecho que el 18% de la operatoria se concentre en la última media hora del día, favoreciendo a unos sobre otros.
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