En los 60, la Argentina participaba con el 30% del comercio mundial de carne vacuna, mientras que ahora lo hace con menos del 4%. En este lapso, la comercialización mundial pasó de 1,5 millón de toneladas a más de 7,5 millones, según afirma Lucio Recca en su último libro «50 años de agricultura en Argentina».
Ahora, aunque la calidad local no es lo que está en juego, los cada vez más achicados volúmenes de venta al exterior, la falta de gestión para recuperar cupos como el de Estados Unidos, o los periódicos incumplimientos de cuotas tan requeridas como la promocionada Hilton, de valores extraordinarios, hacen que la Argentina haya retrocedido fuertemente en el mercado perdiendo, simultáneamente, confianza de los compradores.
«La mejor carne del mundo es la que llega al plato del consumidor», castigó un operador brasileño (hoy por hoy el primer proveedor de carne vacuna del mundo) respecto de las quejas locales. Lo cierto es que aunque ahora resulte imposible de imaginar, ya a mediados de los 90 la Argentina se había propuesto exportar un millón de toneladas de carne vacuna. Ése era el objetivo. Se había superado la aftosa, se abrió el mercado estadounidense y se comenzaban gestiones con el resto de los grandes bloques compradores del mundo.
Por el contrario, desde 2006 en adelante, cuando inesperadamente en marzo se cerraron las exportaciones de carne, las restricciones a las mismas se mantuvieron hasta achicar los volúmenes de venta al exterior a apenas las 280.000 toneladas que se prevén para este año. Simultáneamente, la declinación del rodeo fue casi constante, acumulando un retroceso en los últimos años de 12 millones de cabezas, según el especialista Ignacio Iriarte, lo que naturalmente fue la causa casi excluyente de los muy altos valores actuales de la hacienda (en todos los eslabones productivos), y de la carne, durante todo 2010, lo que se prevé que se mantendrá, por lo menos, por 2 o 3 años más.
Sin embargo, ni siquiera estos precios internos excepcionales, superiores a los u$s 2 por kilo vivo de gordo para consumo, y de alrededor de u$s 3 para los terneros de cría, alcanzan para revertir la tendencia declinante de la actividad que, en el mejor de los casos, hasta ahora apenas frenó su caída.
En tal sentido, un trabajo de Marcela Cristini, Omar Chisari y Guillermo Bermúdez, de la Fundación FIEL, sobre la ganadería y la amenaza regulatoria, concluye que «si se desea aumentar la acumulación de existencias en el largo plazo, se requerirá una modificación de la política de intervención que no sólo mejore la rentabilidad del productor primario (como ocurre ahora), sino que sea lo suficientemente creíble como para revertir la percepción de la reiteración de regulaciones distorsivas del mercado».
El estudio muestra cómo a principios de 2010 los precios de la hacienda crecieron en forma sostenida debido a un consumo interno constante, frente a una oferta decreciente, al punto que paralizó parcialmente a la industria frigorífica.
Las perspectivas que surgen del trabajo de simulación de los especialistas de FIEL muestran que ante una nueva suba significativa de los precios ganaderos, mayor que en el pasado, los productores anticiparían una amenaza regulatoria todavía más severa. Según los técnicos, esto podría provocar hasta un nuevo ajuste de las existencias. En este contexto, la caída del stock podría perforar los 48 millones de cabezas. «En este caso, la amenaza regulatoria habría roto el mecanismo cíclico de responder al aumento de precios con una retención de oferta para aumentar el stock, debido a que el stock deseado de largo plazo resultaría todavía alto para el mercado amenazado», señala el trabajo de FIEL.
Dicho en otras palabras, lo que viene ocurriendo es lo que anticipaba este trabajo, ya que los productores ganaderos no se largan a recomponer masivamente los rodeos, entre otras cosas, porque temen que el Gobierno vuelva a intervenir en los mercados como hizo desde fines de 2005 en adelante.
Otras razones que también influyen para que, según Iriarte, la recuperación alcanzada después de 14 meses de precios mejorados alcance a «apenas un 1,5%» es la falta de liquidez de la mayoría de los productores, que durante 4 años vinieron recibiendo precios de alrededor de u$s 0,80 el kilo vivo, que no resultaban redituables, lo que los obligó a una liquidación feroz del stock, luego acentuada por la sequía de 2009. Tanto fue así que durante casi dos años el porcentaje de hembras en la faena hasta llegó a superar el 50%; tampoco era raro encontrar en los frigoríficos hembras que habían ido a faena preñadas, y menos raro aún era conseguir esos vientres a u$s 200-250.
Ahora, a u$s 800-1.000 por vaca, y considerando los pocos y magros planes de algunas provincias y los escasos fondos nacionales para financiar la actividad, que no superan los u$s 400 millones, se podría lograr apenas algo más del 3% de recuperación del stock perdido.
Pero simultáneamente la falta de liquidez obligó a muchos ganaderos no sólo a no iniciar la recuperación, sino además a «seguir liquidando», por un lado para vivir y, por otro, para encarar obras de infraestructura atrasadas casi una década, para poder reemprender la producción.
Así las cosas, en los últimos años la Argentina:
Como conclusión, entonces, la caída de la producción local se debió a varios factores, entre los que figuran la mayor rentabilidad de la agricultura, especialmente de la soja (en gran medida provocada por la alteración artificial de los mercados), y la falta de políticas estables y de aliento a actividades que, como la ganadería, requieren inversiones comparativamente altas y de mediano-largo plazo. Sin embargo, el factor que hoy aparece como de mayor incidencia es el temor de los productores a encarar una inversión de riesgo bajo la amenaza de que los precios de sus productos sean nuevamente fijados artificialmente y en función de requerimientos que no tienen nada que ver con los productivos.
Ante eso, la respuesta evidente es que, aun con precios sensiblemente mejorados, la actividad sigue sin arrancar su franca recuperación y, por ende, la «desaparición» de la Argentina de los mercados internacionales de carne aparece cada vez más amenazadoramente cerca.



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