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La arremetida final para acabar con la pobreza
llo sostenible. Y en diciembre, los países volverán a reunirse en París para elaborar un acuerdo sobre el cambio climático.
Este año también ha surgido un nuevo actor importante en el ámbito del desarrollo: el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura, encabezado por China. Con normas ambientales, laborales y de adquisiciones adecuadas, el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura -y el nuevo banco de desarrollo establecido por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- pueden convertirse en nuevas fuerzas importantes en el desarrollo económico.
Esperamos que estas nuevas instituciones se unan a los bancos multilaterales de desarrollo de todo el mundo y a nuestros asociados del sector privado en la misión común de promover un crecimiento económico que ayude a los más pobres. Las decisiones que adoptemos este año ayudarán a determinar si tendremos oportunidad de poner fin a la pobreza extrema antes de fines de 2030, el objetivo central del Grupo Banco Mundial.
Lo positivo es que en todo el mundo ya se han logrado avances importantes. En los últimos 25 años, hemos pasado de casi 2 mil millones de personas que vivían en la pobreza extrema a menos de mil millones. Pero eso significa que aún existen casi mil millones de personas que subsisten con menos de u$s 1,25 al día.
Sabemos que es posible poner fin a la pobreza extrema en los próximos 15 años, en parte por lo que hemos logrado en el pasado y en parte porque los años de experiencia nos han enseñado qué es lo que ha dado resultados y qué no los ha dado. Nuestra estrategia para poner fin a la pobreza extrema puede resumirse en tres palabras: crecer, invertir y asegurar.
Primero, la economía mundial debe crecer más aceleradamente y de manera más sostenible. Debe aumentar para poder asegurar que los pobres reciban una mayor proporción de los beneficios de ese crecimiento. Sin embargo, en la mayor parte del mundo en desarrollo, los esfuerzos por acabar con la pobreza extrema exigirán que nos centremos en impulsar la productividad agrícola.
Para ayudar a los agricultores a mejorar sus rendimientos se requiere un mayor acceso a semillas de mejor calidad, al agua, a la electricidad y a los mercados.
La segunda parte de la estrategia consiste en invertir, y con esto quiero decir invertir en las personas, especialmente a través de la educación y la salud.
La oportunidad para lograr que los niños comiencen con buen pie en la vida se da sólo una vez. Las inversiones destinadas a los niños en sus primeros años generan muchos más beneficios que las que se hacen más tarde.
La última parte de la estrategia consiste en asegurar a la población. Esto significa que los gobiernos deben establecer redes de protección
social e instaurar sistemas para resguardar a sus ciudadanos ante desastres y ante la rápida propagación de enfermedades.
El ébola nos enseñó que cuando se desata una pandemia, los pobres son quienes probablemente sufrirán más. El Grupo Banco Mundial ha estado trabajando con asociados alrededor de una nueva idea para proporcionar el financiamiento de respuesta rápida que tanto se necesita frente a un brote epidémico.
Sabemos que poner fin a la pobreza extrema será una tarea extraordinariamente ardua. De hecho, cuanto más nos acerquemos a nuestro objetivo, más difícil será alcanzarlo.
Los gobiernos, el sector privado, el Grupo Banco Mundial, los bancos multilaterales de desarrollo asociados y nuestros nuevos asociados, todos debemos aprovechar este momento.
Somos la primera generación en la historia de la humanidad que puede acabar con la pobreza extrema. Éste es nuestro gran desafío y nuestra gran oportunidad. La arremetida final debe comenzar ya.


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