• LA POLÍTICA, COMO SIEMPRE, ESTARÁ POR ENCIMA DE LA ECONOMÍA El final del 2017 muestra la puja entre partidos y sectores en medio de la votación de las reformas. La pelea más dura, sin embargo, será que se lleguen a aplicar.
Elisa Carrió
Los dos primeros años de Mauricio Macri en el Gobierno representaron, ante todo, el principio de su aprendizaje como presidente, una tarea para la que se sabe, nadie nace sabiendo. Macri inició su mandato con una agenda de demandas de sus votantes quizá mucho más contundentes que las que recibía de sus opositores durante los primeros meses. Sus acciones iniciales apuntaron a la liberación de la economía de las sujeciones a la que había sido sometida sobre todo en los últimos tres años del gobierno de Cristina de Kirchner, cuando en realidad tanto las inversiones en obras de infraestructura como el ingreso de fondo gemelos del país habían caído hasta niveles casi nulos.
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Tras esa primera ola de medidas y un cambio ministerial en Economía, Macri comenzó a transitar un camino que en ese momento parecía demasiado tibio a la vista de esas reformas que el electorado le reclamaba. Fue recién después de la renovación legislativa, que apareció esa agenda demorada y por la que ya se criticaba al Presidente. El camino que eligió Macri para llevar adelante este segundo tramo de cambios vino también con un condimento extra: el haber modificado las formas de relacionamiento dentro del propio núcleo de Cambiemos, en especial con el radicalismo y siempre negociando y tolerando los reclamos de Elisa Carrio; y también en la táctica del Gobierno hacia afuera, es decir, la política de alianzas que fue tejiendo pacientemente con cada uno de los gobernadores peronistas, siempre apoyado con una estrategia de tándem en la que Miguel Pichetto fue cabeza central en el Senado.
Sin ninguno de esos elementos se podrían haber logrado las negociaciones que en el segundo semestre de este 2017 el Gobierno pudo llevar adelante con gobernadores, fijando un horizonte de reformas estructurales en cuanto al impacto de los tributos sobre la producción. Queda en paralelo y a la espera de los resultados, la consideración sobre si esas reformas son suficientes y están orientadas con la fuerza debida. Pero esencialmente todo el paquete ahora en juego ataca el principal cáncer que el Gobierno de Macri a dos años de haber accedido al poder aún no pudo dominar y que es el déficit fiscal. Que lo logre es otro cantar.
Así, todo el paquete de reformas que el Gobierno lleva adelante no tendría absolutamente ningún sentido si en el mediano plazo no lograra bajar la presión sobre la caja mayor del Estado,y al mismo tiempo facilitar que en algún momento comiencen a bajar las necesidades de endeudamiento. Tampoco será viable el cambio si todo no viene acompañado por un crecimiento de la economía que seduzca inversores.
El reclamo por un Estado más eficiente, más chico y menos corrupto fue una constante, el huracán durante la campaña presidencial del 2015 y la mayor asignatura pendiente que hasta el día de hoy el Presidente sigue manteniendo.
En este ejercicio de negociación con el peronismo, que en algunos casos irritó a radicales y que aún sigue manteniendo a Carrió hasta como una eventual enemiga de su propio Gobierno a la hora de definir estrategias centrales, inclusive en la reforma provisional, Macri terminó posicionándose en algunos casos como una suerte de jefe del PJ más que de cabeza de Cambiemos. En el último tramo de esas negociaciones, obviamente después de haber ratificado en las urnas el horizonte político de crecimiento que venía mostrando los últimos tiempos, quedó claro que Macri cedió todo lo que los gobernadores le pidieron, pero al mismo tiempo logró arrancarles el voto y el compromiso (que el propio presidente considero como el más esencial de todos) para llevar adelante una rebaja en la presión tributaria de cada provincia, es decir atacando la pesada carga de impuestos provinciales como Ingresos Brutos, o las abusivas tasas que los municipios cobran a la producción.
No es un tema económico, es una cuestión esencialmente política: la relación financiera entre la Nación y las provincias fue la base de todos los fracasos económicos y sociales que han tenido los gobiernos durante toda la vida democrática. El déficit fiscal es la explicación de las desgracias económicas que se vieron desde 1983 hasta aquí y siempre pudo anticiparse revisando previamente los números de cada una de las economías provinciales.
Será imposible así, hablar de una Argentina viable (alejada de los desaguisados que se vivieron en los últimos 15 años), mientras se mantenga un nivel de inflación intolerable que el Gobierno aún no ha podido dominar totalmente, un déficit incompatible con un país organizado y variables insostenibles en la asignación del gasto.
En Argentina el gasto rígido en el Presupuesto Nacional oscilado entre 75 y 80% en los últimos años. Dentro de esos altísimo porcentaje se ubican esencialmente los servicios sociales y los salarios de los empleados del sector público. De ahí la dificultad del problema que se plantea y la explicación de la reforma previsional. A cada uno de los gobiernos siempre le ha quedado ese 25 o 30% restante para atender todo el resto de las necesidades de la Nación.
El 2018, entonces, va a ser el campo de batalla la discusión. La discusión central para lograr este objetivo no se va a dar solo durante la votación de las reformas que el Congreso tiene en tratamiento en estos días, ya sea la previsional, la impositiva el acuerdo fiscal con las provincias, el Presupuesto Nacional y eventualmente la reforma laboral. La verdadera pelea se va a dar en la aplicación política de todas estas reformas, cuando cada uno de los gobernadores peronistas tenga que llevar adelante el compromiso que asumió con Macri; que lo cumplan ambos (Nación y provincias) y que los bloques en el Congreso mantengan la garantía de gobernabilidad que mostraron hasta ahora.
Lejos de lo que se podría pensar y a la vista de sus serios problemas judiciales, la llegada de Cristina de Kirchner al Senado no parece un elemento que vaya a distorsionar los acuerdos que hasta ahora se van logrando en cada uno de estos temas entre el Gobierno, el radicalismo y el peronismo. Los problemas estarán como se dijo mucho más adelante de la votación; aparecerán en el momento en que cada una de estas reformas se lleve adelante. De ahí la necesidad de dejar en claro que el 2018, quizás, vas hacer un año clave no solo para el Gobierno de Mauricio Macri y su eventual continuidad, sino también para el futuro de todo modelo de normalidad.
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