28 de noviembre 2022 - 00:00

La Bolsa sube firme y oculta su entusiasmo (la Fed no lo aconseja)

Wall Street compra o permuta baja de inflación por recesión suave. Y sube a cuenta desde antes que los números de octubre aportaran la evidencia de una desaceleración pronunciada de los precios. Se sabe, la inflación al consumidor del mes pasado fue tan alta como la de septiembre (+0,4%) pero la versión núcleo se redujo a la mitad (+0,3%) quebrando una racha que encendió las alarmas (y la prédica iracunda de la Fed). Octubre derramó alivio. Los precios flexibles caen con docilidad. La inflación núcleo de los bienes tangibles se hundió 0,4%. Los precios de importación cayeron 0,2%, por cuarto mes consecutivo, y no avanzan desde junio. Otro tanto ocurre con los de exportación. Ambos subieron por última vez un módico 0,2%. La inflación mayorista aumentó 0,2% pero en la etapa intermedia de la producción, que anticipa las presiones que se acumulan en el “tubo”, los precios de los bienes procesados declinaron 0,2% (y tampoco suben desde junio). En el caso de los bienes sin procesar, la merma mensual fue de dos dígitos: 11,7%. Entiéndase el giro de la dinámica. Ambos renglones estaban al rojo vivo en 2021 (antes que Vladímir Putin pusiera un pie en Ucrania). Cerraron el año pasado con aumentos anuales de 24,4% y 40%, respectivamente. Eran el huevo de la serpiente (sin saber nada de los planes de Moscú). Queda claro, la faceta más vistosa de la inflación -la de las mercaderías físicas- hincó las rodillas en octubre. Y para Wall Street es más que suficiente, sobre todo después del día de acción de gracias. Pero no para la Fed. Debe doblegar la inflación de servicios, la más insidiosa, antes de cantar victoria frente a un monstruo con tantas cabezas.

Una golondrina no hace el verano, dicen los halcones. Una bandada concentrada en octubre tampoco alcanza. Su avistaje debe repetirse, como mínimo, en noviembre. Y del mes en curso lo que se conoce son referencias indirectas, en diagonal. La actividad económica registró una “sólida contracción” según la versión preliminar del informe PMI (que reúne data obtenida entre el 11 y el 22 de noviembre). Su nivel es el más bajo en tres meses. En el caso de la actividad manufacturera es un mínimo de dos años y medio. Tiene lógica, la pandemia provocó una recesión que expandió la demanda (y producción) de bienes tangibles como no se vio nunca, y congeló a los servicios que suponían interacción personal. Hoy en día, ambos sectores están bajo la picota. La demanda se enfría de manera creciente, y la caída de las órdenes de negocios nuevas es la más veloz desde que regía la cuarentena en mayo 2020. Los cuellos de botella de los suministros desaparecieron. Así, las presiones de costos que sufren las empresas se replegaron por sexto mes consecutivo, y si bien crecen, lo hacen al ritmo más lento desde diciembre 2020. El aumento de sus precios de venta, en paralelo, es el más atenuado en dos años. ¿Y qué pasa con el empleo? Se desacelera. Las firmas buscan cubrir las vacantes de personal calificado, pero en el esfuerzo por controlar costos recortan nóminas y no reemplazan a los trabajadores de baja capacitación que se retiran. El salto de los pedidos de subsidios iniciales de desempleo, muy fuerte la última semana, es una luz amarilla. Y la creación de trabajo esperada para noviembre -200 mil puestos netos- revela la percepción de una progresiva moderación, aunque lejos todavía de una recesión.

Wall Street se solaza. Todas las piezas encajan en el rompecabezas de la estabilidad. Desde que se conoció la inflación de octubre, los bonos recuperaron la brújula y la tasa larga cayó más de medio punto. La Bolsa avanzó 8% a pesar de las advertencias de la Fed: la política monetaria continuará con su artillería de suba de tasas. Sube paso a paso, sin manifestar efusividad, como quien no quiere la cosa, o, más todavía, como quien milita las mismas puntillosas objeciones de Jerome Powell & Cía. Pero son funciones distintas. La Fed administra riesgos minimizándolos. La Bolsa maximiza ganancias y para eso toma riesgos. Y la promesa de otra bandada de golondrinas -iniciada la temporada de los rallies de estación- será imposible de resistir. A lo sumo, podrá refrenar el instinto hasta ver los datos concretos de inflación el 13 y un día más, para conocer la reacción de la Fed. Pero si la data no la agrede, no habrá funcionario hostil que convenza a Wall Street de no disfrutar una feliz Navidad.