Un inspector de policía divorciado, diabético, cansado de sus aciertos investigativos, extenuado de convivir con su hija Linda, que ahora hasta ha entrado en la Policía para competirle, está a punto de jubilarse, quiere dejar su departamento para vivir sus últimos años en la tranquilidad de una casa de campo, pero no encuentra ninguna que la convenza.
Un día un compañero de la fuerza, un viejo amigo, le deja las llaves para que vea una casa que le parece ideal para él. El inspector la recorre y está cada vez más entusiasmado, queda cerca de aquella donde vivió su padre y es barata. Todo va bien encaminado hasta que paseando por el jardín, el instinto policial tiene esas cosas, encuentra entre la hierba los huesos de una mano. Esa misma noche se desentierra el cadáver de una mujer que había sido ahorcada y está allí enterrada desde hace más de 50 años, y quizá mucho más. Ha pasado demasiado tiempo para investigar el crimen, el caso ha prescripto, mejor mandar el cuerpo a la morgue y listo, pensaría otro policía, pero se trata del inspector Kurt Wallander, el Sherlock Holmes sueco de fines del siglo XX, el nivel más alto de la novela policial contemporánea. Wallander quiere saber más sobre la casa, sobre quienes vivieron allí.
Está empezando a investigar cuando sus colaboradores descubren otro esqueleto, esta vez de un hombre. Una vez más Wallander se dice: quien cometió esto no puede quedar impune. Y la trama de esta breve nouvelle, creada por Hanning Mankell tiene esa rigurosa perfección que logran los grandes narradores en su punto más alto.
Los millones de seguidores que tienen en el mundo las aventuras del inspector Wallander, se podrán preguntar: ¿Pero no era que con "El hombre inquieto" Wallander se había despedido de sus lectores, tras doce estupendas historias que habían instalado a la novela policial nórdica en lo más alto del género? Es que ésta había quedado perdida. Era un relato que Mankell había entregado a sus editores neerlandeses como un regalo para sus lectores suecos, y fue rescatada para la serie de la BBC, donde Kenneth Branagh encarnó a Wallander. Cuando Mankell la vio en televisión, comprendió que la historia seguía viva, y que ésta seria la última y ya no habría más relatos protagonizados por Wallander.
Es por eso que como maravillosa despedida, Mankell coloca un imperdible posfacio donde cuenta "cómo empezó, cómo acabó y lo que ocurrió entretanto" con su aclamada serie policial. Explica que cada caso surgió de un tema político. Enfrentar, por caso, el racismo, observar lo que sucede en el poscomunismo, denunciar la delincuencia económica o el secuestro para el robo de órganos. Sólo no fue capaz de señalar el maltrato infantil, la indignación le impedía avanzar en la escritura. Explica que aprendió del gran autor noruego-danés Aksel Sandemose que "el amor y el asesinato es lo único sobre lo que merece la pena escribirse", y agrega que "si hubiera añadido el dinero, habría creado una tríada que, de un modo u otro, está siempre presente en la literatura, actual o pretérita, y seguramente también en la futura". Supo que si era en parte su alter ego debía envejecer como a él le sucedía.
No habrá más historias de Kurt Wallander, pero no olvidemos que su hija, Linda Wallander, entró en la Policía de la pequeña localidad de Ystad, cerca de Malmö, en el sur de Suecia. Mankell por el momento se dedica a escribir obras de teatro y guiones para la televisión y el cine: el último que escribió es una biografía homenaje de su suegro, el cineasta Ingmar Bergman,de quien en 2018 se cumplen los cien años de su nacimiento.
| M.S. |



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