16 de diciembre 2011 - 00:00

La calidad se sostiene pese a los bemoles del negocio

«Un cuento chino», con Ricardo Darín, «¡Aballay!», «Las acacias» y «El gato desaparece» son cuatro de los títulos más destacados que el cine nacional exhibió el año que se cierra.
«Un cuento chino», con Ricardo Darín, «¡Aballay!», «Las acacias» y «El gato desaparece» son cuatro de los títulos más destacados que el cine nacional exhibió el año que se cierra.
Si nadie más va al cine, si éste deja de ser redituable en salas, si la gente mira películas por televisión, haré cine por televisión...». Así respondía Jacques Demy a una encuesta, hace medio siglo, cuando ya muchos clamaban al cielo por la evidente caída del negocio cinematográfico. Por suerte el autor de «Los paraguas de Cherburgo» siguió teniendo éxitos en sala, como «Piel de asno», pero, por las dudas, también aceptó la coproducción televisiva y hasta realizó telefilms.

Algo parecido hacen ahora muchos cineastas locales, que se lanzaron a trabajar para Encuentro, Paka Paka, Canal 7, IncaaTV y demás vías oficiales. El propio Instituto Nacional de Cine organiza abundantes concursos de productos para televisión y es su principal financista. Detalle en contra: la gente no los mira, lo que en ciertos casos es una lástima. Paciencia, ya empezará el público a mirarlos, dicen los que saben. Pero no aclaran cuándo.

Entretanto, el mundo sigue andando. Las grandes salas se llenan con los megapasatiempos hollywoodenses (cuyos impuestos solventan al Incaa) y las pequeñas salas se arriesgan con pequeños atractivos de diversos países, incluido el nuestro, que en muchos casos ya se proyectan directamente en DVD. Pagar copias en fílmico se ha vuelto demasiado oneroso y encima las pocas distribuidoras chicas que quedan casi mueren de un síncope colectivo cuando el Gobierno anunció un nuevo sistema de tarifas. Dicho anuncio sirvió a la peregrina idea de achicar la presencia hollywoodense, pero el Instituto debería ver mejor cómo él mismo ha venido achicando su propia cadena de Espacios Incaa. Su complejo estrella, el Gaumont, da lástima, con lámparas en mal estado, sonido ruinoso y un solo proyectorista para subir y bajar por las escaleras cuidando tres salas al mismo tiempo. Y eso que, según chismes, la mitad del presupuesto de este organismo se iría en administración interna y pago de sueldos.

En fin, por suerte la otra mitad contribuye a financiar buenas películas. Y malas también, porque somos un país generoso. Hablemos de las buenas. Dato singular, en casi todas ellas predomina el tono medio, sin gritos, estridencias ni ostentaciones. Y las mejores, «Un cuento chino» y «Las acacias», emocionan desde la modestia. El grito, pero que es un regocijo escucharlo, sólo aparece en la de gauchos, y unos cuantos espectadores lo repetían a la salida, blandiendo un cuchillo imaginario: «¡Aballay!»

Merecía tener más suerte esta obra, riesgosa, muy bien hecha, entretenida, pero mal estrenada. Ojalá la aprecien ahora en la Academia, y que figure entre las prefinalistas al Oscar para el mejor film extranjero, o que al menos la recomienden a un buen distribuidor de «spaghetti western» en EE.UU. (es algo más que eso, pero esa es la definición más cercana que pueden hallarle). Por lo pronto, ya tenemos un precandidato en el rubro mejor corto de animación: «Luminaris», el nuevo, gozoso y admirable trabajo de Juan Pablo Zaramella, que viene ganando premios, sobre todo del público, por todas partes, al compás del arrebatador tango de Osmar Maderna «Polvo de estrellas».

Volvamos a tierra. No sólo de salas chicas vive el cine. «Antes del estreno» se manejó muy bien en salitas under de teatro. «Revolución», en los kioskos. «Belgrano» en las plazas, antes del estreno directo en la tele. Y algunas cuantas, en las veredas, vendidas por los «manteros».

Ahora, al balance de los principales títulos nacionales: Cuadro de honor, «Un cuento chino» (Sergio Boresztein), «Las acacias» (Pablo Giorgelli), «Aballay» (Fernando Spiner), «Juan y Eva» (Paula de Luque, con un impecable Omar Núñez como Perón) y el fino relato de suspenso «El gato desaparece» (Carlos Sorín).

Logros de boletería (por algo será), «Un cuento chino», «Viudas», «Mi primera boda», «Un amor». Logros de boletería en estrenos solo provinciales: «Road July» en Mendoza, «De caravana» en Córdoba y «Cipriano» en Berisso y La Plata.

Confirmación de talento: Victoria Galardi («Cerro Bayo»), Nicolás Frenkel («Amateur»), Luis Ortega («Verano maldito») y Eduardo Pinto («Caño dorado»), entre otros. Algunos debutantes a tener en cuenta: Sergio Teubal («El dedo»), Nacho Garassino («El túnel de los huesos»), Pablo Solarz («Juntos para siempre»), Santiago Mitre («El estudiante»), Paula Siero («El agua del fin del mundo»), Gustavo Taretto («Medianeras»), Rosendo Cruz («De caravana») y Nicolás Gil Lavedra («Verdades verdaderas. La vida de Estela»), todos ellos por orden de aparición.

Dignos de aprecio y difusión: «Tierra sublevada: oro negro», «AU3», «Fontana, la frontera olvidada», y una curiosidad: «LElisir damore», de Sergio Neuspiller, primer registro mundial de una opera en 3D, cuyo estreno se lanzó de un día para otro y pasó desgraciadamente inadvertido. Así andamos. n

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