8 de marzo 2018 - 00:00

La Casa Blanca apura su arancel al acero y pone a China en la mira

A través de Twitter (¡cuándo no!) el presidente de Estados Unidos conminó a Pekín a reducir su superávit comercial con el país. La redacción contuvo un acto fallido.

AGITACIÓN. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee, ayer, al frente de una conferencia de prensa convulsionada por el espectro de una guerra comercial.
AGITACIÓN. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee, ayer, al frente de una conferencia de prensa convulsionada por el espectro de una guerra comercial.
Washington y Luxemburgo - El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se mostró decidido ayer a autorizar altos aranceles a las importaciones de acero y aluminio, a la vez que aumentó la presión sobre China para que elabore un plan urgente para reducir su superávit comercial con la mayor economía global en 1.000 millones de dólares.

Un día después de la renuncia de su asesor económico Gary Cohn, y a pesar del fuerte rechazo de los legisladores republicanos (ver página 18), la Casa Blanca dijo que Trump está listo para avanzar con su plan de aranceles antes del fin de semana. Algunos reportes sugirieron que podría firmar un decreto incluso hoy.

Los planes de Trump son imponer un arancel del 25% al acero y del 10% al aluminio para contrarrestar importaciones baratas que, afirma, minan la industria y el empleo en Estados Unidos.

La medida podría llevar a la imposición de aranceles contra las exportaciones de Estados Unidos y complicar más los esfuerzos para salvar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Canadá y México. Canadá, de hecho, es el país más afectado por esa medida.

La renuncia de Gary Cohn, visto como un bastión frente al nacionalismo económico de Trump, despeja la vía a una mayor influencia de funcionarios de línea más dura en temas comerciales, como el asesor Peter Navarro y el secretario de Comercio, Wilbur Ross. Así, la mayor probabilidad de que se apliquen represalias comerciales y su impacto sobre el crecimiento global golpearon a las acciones, al petróleo y al dólar.

A las tensiones sobre las tarifas se sumaron las demandas de Trump a China, a la que acusa de aplicar prácticas comerciales injustas.

"Se le ha pedido a China que desarrolle un plan este año para una reducción de 1.000 millones de dólares en su enorme déficit (sic) comercial con Estados Unidos", escribió Trump en un tuit en el que por error se refirió a un déficit cuando en realidad Pekín tiene superávit comercial con Washington.

En su primer tuit de ayer, el magnate no mostró señales de ceder y afirmó que, desde el primer Gobierno de Bush, Estados Unidos perdió más de 55.000 fábricas y seis millones de empleos en el sector manufacturero, además de permitir que su déficit comercial se disparara.

"Malas políticas y liderazgo. ¡Debemos ganar nuevamente!", publicó en Twitter un día después de que afirmó que no tiene miedo a una guerra comercial.

Europa y el Fondo Monetario Internacional (FMI) instaron a que Trump se aleje del borde de una guerra comercial.

"En una denominada guerra comercial (...) nadie gana, generalmente hay perdedores en ambos bandos", dijo ayer la directora gerente del FMI, Christine Lagarde.

La jefa del FMI dijo que Canadá -el principal proveedor de acero y aluminio de Estados Unidos- y Europa -a cuyas exportaciones de vehículos amenazó Trump- probablemente impongan aranceles sobre bienes estadounidenses como respuesta.

En tanto, el bloque europeo ya adelantó que puede responder con tasas al bourbon, al jugo de naranja, a los jeans Levy's y a la manteca de maní, entre otros productos.

La mayoría de los economistas, incluido el FMI, ya advirtieron sobre las nocivas consecuencias de una guerra comercial.

"Cualquier escenario donde hay disputas y represalias creará incertidumbre y puede alterar la recuperación global", subrayó Monica DeBolle, investigadora del centro de estudios Peterson Institute for International Economics y experta en comercio internacional.

La experta agregó que "Trump está haciendo política sin entender las consecuencias económicas de sus acciones".

A favor del proteccionismo de Trump se expresó, sin embargo, la principal asociación sindical de Estados Unidos, la AFL-CIO, que agrupa a 12 millones de trabajadores del sector público y privado del país, entre ellos los sindicatos que representan a los empleados siderúrgicos.

"La decisión del presidente Donald Trump supone la primera vez en la que no solo se habla del problema, también se hace algo para solucionarlo. Este es el primer paso, y creemos que es positivo", afirmó Richard Trumka, presidente de la AFL-CIO.

Agencias Reuters, EFE, DPA y AFP y Ámbito Financiero

Dejá tu comentario