Clinton o Trump. Esa es la (única) cuestión. Hillary lidera la intención de voto como en toda la campaña, pero Trump arremetió en la recta final gracias al fustazo del FBI y la irrupción de un sufragio oculto. Wall Street estalló en alza como si pudiera darle rienda suelta a la reacción de alivio sin necesitar siquiera echarle un vistazo al escrutinio. Las últimas encuestas amplían en un par de puntos la ventaja de Hillary y conste que no capturan el impacto que pudo generar la noticia del FBI. ¿Alcanza y sobra? La Bolsa de Nueva York venía de nueve jornadas consecutivas en baja, en un declive más prolongado que profundo, y ayer recuperó todo de un zarpazo. Pero, "remember 'brexit'". Nadie pierde en la víspera. Si el malestar es grande, tan grande como se dice, también la sorpresa puede serlo. Y, Dios no lo quiera, que no surja un empate técnico como cuando en Bush versus Gore (en 2000) hubo que contar de nuevo los votos del Estado de Florida. La Corte Suprema no resolvió el entuerto hasta el 12 de diciembre. Y hoy nadie parece emocionalmente pertrechado para repetir la agonía aunque se sabe que Trump no será hombre de reconocer con gracia una derrota.
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Clinton es cara. Trump es ceca. Ceca es la alternativa más cara. La econometría del estudio de eventos sugiere que el anuncio de Trump Presidente le costaría a Wall Street un repliegue rápido de entre el 10% y el 15%. Sería una pena tirar por la borda el terreno ganado a un pesimismo pertinaz justo ahora que la economía retoza de brotes verdes que llegan en racimos y sin invitación. El PBI repuntó por fin en el tercer trimestre: + 2,9. Y la Fed de Atlanta pronostica una aceleración como broche del año: +3,1% en el último trimestre. La creación de empleo de octubre, aunque por debajo de lo vaticinado, creció más rápido que la expansión de la fuerza laboral, redujo una décima la tasa de desocupación, y entonó los salarios por hora como nunca en el ciclo: +2,8%. Todo indica que el presidente Obama se podrá despedir concretando una resurrección de ingresos laborales largamente esperada (demora que ayudó al malestar que favorece la prédica corrosiva de Trump).
En paralelo, el mundo acompaña. La recuperación de China es una buena nueva notable, pero no es una excepción. India y China orquestaron la mayor actividad manufacturera de los dos últimos años. Países importantes en situaciones complicadas trajeron el boletín aprobado: Gran Bretaña pese al "Brexit", Rusia, y Japón, que regresó a territorio positivo. El índice JP Morgan Global -que pondera todos los informes PMI- alcanzó su ritmo de expansión más alto en once meses, propulsado por un fuerte incremento de las nuevas órdenes de negocios. Allí donde tres o cuatro meses atrás urgía despachar ambulancias, helicópteros monetarios y medidas de emergencia hoy quizás sólo se debe verificar que no surjan excesos de precios.
La Fed, por caso, ya avisó que a mitad de diciembre va por el segundo aumento de tasas. Es su manera de decir que no se mete en política. Pero, aunque calle, no puede obviar el desenlace de Clinton vs. Trump. La casa está en orden salvo la intrusión del republicano, el último escollo para poner manos a la obra. Si los encuestadores tienen razón, y el raid del magnate es apenas una anécdota, habrá motivos de sobra para descorchar champán. Nunca se habrá festejado así una suba de tasas.
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