Aún se desconocen las causas que provocaron la tragedia del avión de Air France, aunque las últimas investigaciones se centran en una serie de errores de lectura de la velocidad del aire enviados por el avión durante sus últimos minutos de vuelo. «En estos momentos, las series de lecturas son el único elemento real para los investigadores», dijo ayer el secretario de Estado francés de Transporte, Dominique Bussereau.
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Por un lado, se está siguiendo el comportamiento del tubo piloto, que proporciona información sobre la presión atmosférica, ayudando a medir la velocidad del aire. «Ha habido situaciones en aviones de Airbus, y quizá en otros, en las que estos tubos dejaron de indicar la velocidad del aire al entrar en una zona húmeda, de baja presión, un área de turbulencias», dijo Bussereau.
Debido a ello, los pilotos reciben lecturas erróneas de esos datos, lo que puede dar lugar a dos tipos de consecuencias desastrosas: que el avión vuele demasiado despacio o demasiado rápido. En el primer caso, podría quedarse parado, mientras que en el segundo se desintegraría, «pues se aproximaría a la velocidad del sonido, y la cubierta externa de los aviones no está diseñada para soportar tales velocidades». Sin embargo, Bussereau insistió en que «de momento no se puede priorizar ninguna hipótesis» sobre lo que sucedió con la aeronave.
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