3 de febrero 2015 - 00:00

La comedia que EE.UU. censura

La comedia francesa "Dios mío, qué hemos hecho" (que trata el tema de las relaciones interraciales e interreligiosas), estrenada el último jueves en el país, fue un hito en Francia el año pasado con 12 millones de entradas vendidas, mucho antes de la tragedia de intolerancia vivida en Charlie Hebdo. El film, dirigido por Philippe De Chauveron, recaudó 89 millones de euros y fue un récord también en Alemania, con 30 millones de euros de ingresos.

Es la historia de Claude Verneuil (Christian Clavier) y su esposa Marie (Chantal Lauby), una pudiente familia burguesa que se siente superada por las circunstancias a pesar de creerse abiertos a la tolerancia francesa simbolizada en la Marsellesa.

Sus cuatro hijas -encarnadas por Frederique Bel, Elodie Fontan, Julia Piaton y Emilie Caen- fueron criadas en lo políticamente correcto, en la apertura hacia las otras culturas. A punto tal de que tres de ellas se casan con un islámico, Rachid Benassem (Medi Sadoun), un judío David Benichoul (Ary Abittan) y un chino, Chao Ling (Frederic Chao).

La liberalidad de los padres, sin embargo, se ve acechada el día que se encuentran enterrando el prepucio de su último nieto. Y así en el signo del racismo, en la comedia todos terminan peleando: sobre todo los yernos, empezando por el musulmán y el judío, en tanto también el chino muestra su propia furia discriminadora.

Todo se viene abajo cuando la última de sus hijas se casa con un africano negro que tiene, entre otras cosas, un padre racista hacia el enemigo colonialista blanco.

Para Verneuil, su consuegro André Koffi (Pascal Nzonzi) es una suerte de furioso Bokassa negro. Lo único que lo une al hombre es el hecho de que, como él, no quiere el matrimonio. Pero en la película, todo se resuelve en final feliz, sin consecuencias ulteriores.

Charlie Hebdo, en una de sus viñetas del año pasado, se había ocupado del film. "El éxito de la película -decía uno de sus dibujos- es una respuesta al debate sobre la identidad nacional de Sarkozy". Y el otro replicaba irónicamente: "Sí, ser francés es ser racista cualquiera sea su origen".

Y si Francia y Alemania, donde los matrimonios mixtos son comunes, convirtieron en un éxito la película, en Estados Unidos no ocurrió lo mismo: el film fue considerado racista y quedó fuera del circuito de distribución.

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