‘‘La corrupción impide inversiones’’

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«He visitado la Argentina varias veces; la última había sido en 2002, y puedo decir que en algunos aspectos están mucho mejor, pero en otros están mucho peor». El que emite esta polémica definición es Samuel Gregg, economista político y miembro del directorio de Acton Institute, un «think tank» que funciona en Grand Rapids, Michigan. En diálogo con este diario, Gregg afirmó que los mayores problemas que ve son «la inverosimilitud de los datos del INDEC y la desconfianza que eso crea en los inversores en el exterior, el deterioro casi imperceptible en la calidad de la discusión política, la insistencia del Gobierno en el uso de las reservas del Banco Central y el cuestionamiento que eso implica del rol del presidente». A continuación, lo más saliente de la charla con el politólogo:

Periodista: ¿Cuánto hacía que no venía al país?

Samuel Gregg: Desde principios de 2002; es un período largo, es cierto, pero estoy en contacto permanente con colegas de la UBA que me mantienen actualizado.

P.: ¿Estamos mejor o peor que en 2002?

S.G.: En algunos aspectos están mejor, y en otros, empeoraron. Creo que, además de lo que le dije antes, la Argentina avanzó en términos de progreso económico menos que el desarrollo global. Y tampoco me parece que se respetan las instituciones democráticas como se debería.

P.: ¿Cómo percibe la actitud de la población respecto de estas cuestiones que usted puntualiza?

S.G.: Hay más gente insatisfecha con el statu quo, y eso es bueno. Siempre hay potencial para el cambio; el problema es la clase política argentina, que sí está conforme con el status.

P.: ¿La corrupción es un problema?

S.G.: Sí, pero sobre todo porque la gente la percibe como otro costo de hacer negocios, y no como algo que les afecta la vida. La corrupción permea a toda la sociedad, pero muchos se sienten incómodos. La única forma de empezar a resolver este problema es reducir las oportunidades para «hacer negocios» con la corrupción... Pero usted sabe que se trata de un problema histórico en su país...

P.: ¿Quién entonces se haría cargo de combatir la corrupción?

S.G.: El cambio no va a producirse hasta tanto las clases dirigentes comiencen a hablar del tema en público. Es un cambio más moral que económico. Una sociedad libre como la argentina no se merece semejante flagelo.

P.: ¿Qué consecuencias, además de las obvias, acarrea la corrupción en términos de -por caso- inversión extranjera?

S.G.: Es que los inversores serios, sobre todo en estos días, le huyen a la corrupción, y no invertirán en la Argentina. Finalmente, es un gran riesgo vivir en una sociedad corrupta. Pero no hay que hacerse ilusiones de que va a desaparecer pronto: de hecho, no comenzará a desaparecer hasta que los casos más flagrantes no sean expuestos y castigados.

P.: ¿Qué piensa del problema inflacionario, que reaparece en la Argentina?

S.G.: Mi percepción es que, pese a su larga historia inflacionaria, en la Argentina casi todos los sectores se niegan a retornar a ella. Casi nadie quiere vivir con inflación. Salvo, claro, el Gobierno: la inflación le permite tener más plata para gastar en la próxima campaña...

Entrevista de Sergio Dattilo

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