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La culpa que hunde a Cuba
Los cubanos están viviendo un nuevo «período especial», similar al que siguió al derrumbe del sistema soviético, cuando el PBI de la isla se contrajo brutalmente en un 40%. Ahora, la crisis mundial trajo el derrumbe de los precios del níquel -su principal producto de exportación- y la caída del turismo y de las remesas que envían los emigrados desde el exterior. A esto se suma el hecho de que la generosidad del presidente venezolano, Hugo Chávez, se vio drásticamente mermada por la caída del precio del crudo. La situación es de emergencia económica. Y la escasez de combustibles afectó especialmente a la agricultura, en un país que importa más del 80% de los alimentos que consumen sus 11,2 millones de habitantes.
Los cubanos están acostumbrados a vivir -o sobrevivir- en medio de la escasez y el desabastecimiento. Pero, desde que Raúl Castro reemplazó a su hermano Fidel al frente del Gobierno, se reiteran promesas de reformas que nunca llegan o, si lo hacen, es en cuentagotas. ¿Podría esta frustración acabar con la paciencia de los sufridos cubanos?
Para el analista internacional y profesor en la Universidad Austral Gerardo López Alonso, consultado por Ámbito Financiero, lo más dramático del caso es que «Cuba estaría en condiciones de producir alimentos para todos sus habitantes pero, debido a fallas estructurales del sistema, es muy difícil producir tan siquiera las cosas que Cuba podría hacer por sí sola, sin gran apoyo exterior, como poner en marcha el sector agrícola, incentivar la extracción de petróleo, de níquel, todos sectores que están subdesarrollados».
Cuba, explica López Alonso, «se diferencia de un modelo como el de China que, manteniendo un sistema político comunista, ha incorporado sin embargo economía capitalista, en una suerte de capitalismo controlado».
¿Por qué no puede Cuba seguir una vía «china» al capitalismo? «Por trabas en parte ideológicas», dice este analista, «pero en gran parte, por el temor de quienes tienen en sus manos el poder. Raúl Castro está rodeado por un conjunto de militares, integrantes de la elite que es la base de su poder, que son los beneficiarios de las pocas cosas que andan bien en Cuba, turismo, hotelería, todo lo que produce algún tipo de renta. Quien saca ventajas hoy piensa que si hay cambios las va a perder. Tienen temor de que un cambios lo afecte económicamente pero también polítiNadie sabe lo que puede pasar. Hasta pueden terminar presos. Por eso los anuncios de Raúl Castro no se traducen en nada».
Pero, ¿hasta cuándo podrá la nomenklatura cubana, fruto de privilegios y cotos de poder, frenar los cambios en Cuba?
Impaciencia
López Alonso cree que «esa gente tiene la idea de que las cosas puedan cambiar de a poco, pero los cubanos están muy mal económicamente y se empieza a notar cierta impaciencia por los cambios».
Eso explica en buena medida el nuevo guiño de Raúl Castro a Estados Unidos. Así lo cree López Alonso, quien afirma que «Raúl Castro no tiene muchas alternativas más que decir esto, él sabe que su futuro está muy ligado a su capacidad de contener el proceso para que no se le vaya de las manos pero a la vez tiene que hacer cambios porque la ola le puede pasar por encima. El de Estados Unidos es un camino que puede salvarlo, pero, ¿cómo explica él después de tantos años de revolución castrista que hoy somos amigos de Estados Unidos? Tiene que avanzar con mucho cuidado. Además, ese camino crea exigencias en materia de derechos humanos, presos políticos, apertura democrática».
¿Y cómo puede reaccionar Estados Unidos? «Washington sigue muy de cerca este proceso -dice López Alonso- porque si ellos no actúan, les van a ganar de mano Venezuela, Irán y hasta Rusia. Desde este punto de vista, Cuba es estratégica para Estados Unidos, que no quiere tener problemas en su patio trasero como los tuvo en el pasado. En una palabra, lo que está en discusión es quiénes serán los dueños, los administradores de la transición en Cuba».
Cuesta imaginarlo, pero para este analista un acercamiento de Cuba a Estados Unidos se inscribiría en la lógica geopolítica: «Si se piensa en términos de realpolitik, lo lógico sería que la principal relación de Cuba sea con su vecino y no con los rusos. Un gesto hacia Estados Unidos parece una de las pocas alternativas que le quedan a Raúl Castro. Es lo menos que puede hacer. Además de decirles a los cubanos que ahorren».


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