Las desinflaciones no son necesariamente costosas, pero la performance durante este proceso está condicionada por diversas variables, como el nivel de tasa de inflación, las reformas estructurales involucradas, el nivel de apertura comercial y de endeudamiento. Así lo indicó el Banco Central a través de su Blog Ideas de Peso, donde analizó el proceso de desinflación del Gobierno. A continuación, los puntos salientes del artículo:
La decisión del Gobierno de escoger un sendero de desinflación, con un tipo de cambio flexible y metas fiscales y de inflación como pilares de dicha estrategia, ha reavivado en el ámbito local un debate de larga historia en economía. La pregunta central gira en torno a la existencia de costos, tanto en materia de actividad como de empleo, generados por una desinflación.
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En un extremo, en una economía donde los salarios y los precios son totalmente flexibles (ausencia de rigideces nominales), una contracción monetaria no acarrearía costos significativos, dado que tanto salarios como precios se ajustarían inmediatamente a las nuevas condiciones, impidiendo así la existencia de costos reales. Por otro lado, con precios y salarios rígidos, una menor cantidad de dinero no sería suficiente para comprar la misma cantidad de bienes y servicios previos a la contracción, lo cual ocasionaría una reducción en el nivel de actividad y empleo.
La literatura empírica presenta una evidencia mixta respecto del grado de rigidez de los precios, por lo que el debate acerca de qué tan costosa es una desinflación aún no ha sido saldado. En esta entrada nos proponemos analizar la evidencia internacional para arrojar luz sobre el debate local. En particular, planteamos revisar una muestra amplia de países, tanto de economías emergentes como industrializadas, que han logrado reducir su tasa de inflación desde niveles moderados o altos, y analizar si han sufrido o no costos reales para conseguirlo.
Se identificaron aquellas observaciones con inflación anual mayor al 15% y se consideraron aquellos años consecutivos donde se registraron 4 años o más de inflación superior a este umbral; se determinaron las observaciones posteriores a un período inflacionario con inflación menor al 10% y se consideraron como período de estabilidad si se registraron 4 años consecutivos o más de una inflación inferior a este nivel; se fijó como inicio del período de inflación el máximo del período y como final, el primer año del período de estabilidad. Quedaron seleccionadas 43 experiencias.
El 88% de las 43 experiencias estudiadas posee un crecimiento promedio positivo durante el periodo desinflacionario, mientras que sólo 5 de ellas decrecen. A su vez, cabe destacar que la duración de los episodios no juega un rol determinante sobre la performance en términos de actividad para los episodios considerados. Pero la afirmación de que una economía no ha tenido costos al atravesar un proceso de desinflación porque reportó un crecimiento del PBI promedio de un 4% podría verse cuestionada si se considerara que dicha economía mantenía un crecimiento del 5% en años previos a la desinflación.
Una manera muy difundida de incorporar esta crítica es utilizar ratios de sacrificio (SR, por sus siglas en inglés), que indica cuántos puntos porcentuales (p.p.) de crecimiento se habrían perdido por cada punto de desinflación logrado. Cuanto mayor sea el SR, mayor será el costo, en términos de actividad, asociado a la desinflación. La cantidad de experiencias se vio reducida a 28, ya que se excluyen las hiperinflaciones, pues el valor que tomaría el denominador distorsionaría severamente la métrica.
Las experiencias seleccionadas abarcan tanto casos de presencia (ratio de sacrificio positivo) como ausencia (ratio de sacrificio negativo) de costos reales, y ello resulta independiente de la duración de cada episodio. Por ejemplo, se observa cómo las experiencias de Chile y México tuvieron resultados opuestos. En el caso chileno, cada punto de desinflación se asocia a una pérdida de 0,1 p.p. de PBI con respecto a su tendencia, mientras que, en el caso mexicano, se vincula a una ganancia de más de 0,1 p.p. de PBI por cada punto de desinflación.
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