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La disidencia que nadie pudo evitar y empañó la unidad
El debate de fondo se había librado en las semanas previas bajo la premisa del grupo de Palazzo de rechazar un esquema de conducción bajo un triunvirato, el mismo argumento esgrimido por los sectores de Omar Viviani (MASA) y Gerónimo Venegas. Cada disidencia, sin embargo, se plasmó de manera distinta: el bancario y sus aliados concurrieron al Congreso a diferencia de los otros sectores, que permanecieron al margen, en tanto que el de Venegas optó por presentar impugnaciones (lo que en la jerga constituye casi una ruptura sin retorno) mientras que el de Viviani eligió un perfil no confrontativo.
Antes del arranque del Congreso la "mesa chica" de la CGT (Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y Antonio Caló, los miembros del triunvirato y un dirigente por cada sector de poder interno) mantuvieron un encuentro con Palazzo y con su lugarteniente en la Corriente Federal, el docente privado Horacio Ghilini. El acercamiento estuvo a cargo del coordinador histórico de la central, Horacio Otero. Palazzo, a cambio de aceptar el triunvirato, había propuesto ser el secretario adjunto (cargo reservado al estatal Andrés Rodríguez), lo que fue rechazado por sus interlocutores. Lo siguiente fue visible: salida aparatosa del grupo e insultos de parte de los presentes.
El desaire tuvo costos: los organizadores del Congreso debieron reescribir la composición del Consejo Directivo sin los tres dirigentes del grupo de Palazzo que tenían reservadas sillas, y volver a contabilizar congresales para la votación final del triunvirato de conducción. El bancario, por su parte, obtuvo visibilidad mediática y quedó a las puertas de un acuerdo con el sector de Viviani.


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