3 de enero 2018 - 00:00

La economía de Brasil muestra números alentadores, pero la política vuelve a preocupar

Se espera que el país crezca hasta un 3% y que la inflación permanezca bajo control. Lula asusta otra vez al mercado.

En campaña. El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva encabezó un acto proselitista en Piracicaba, San Pablo. Es el candidato mejor posicionado en las encuestas para los comicios de este año.
En campaña. El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva encabezó un acto proselitista en Piracicaba, San Pablo. Es el candidato mejor posicionado en las encuestas para los comicios de este año.
Carlos Meneses Sánchez





San Pablo - Brasil afronta 2018 con el desafío de crecer por encima del 2% tras la tímida recuperación económica registrada el año pasado, pero condicionado a la cuestión fiscal y a unas elecciones presidenciales que pueden generar "serias turbulencias" a corto plazo, revelaron analistas.

El gigante sudamericano inicia el nuevo año con algunos indicadores bajo control: una inflación que ronda el 3%, una tasa básica de interés en mínimos históricos (7%) y un desempleo a la baja, aunque empujado por el mercado informal.

Según las previsiones, el Producto Bruto Interno (PBI) se expandió cerca de un 1% en 2017 tras más de dos años de profunda recesión que sumieron al país en la peor crisis de las últimas décadas y este 2018 espera mejorar sustancialmente ese resultado, con una expansión del 2,8% para los economistas del mercado y del 3,0% para el Gobierno.

La gran baza para mantener esa línea ascendente seguirán siendo las exportaciones, en opinión del economista Nelson Marconi, del centro de estudios económicos Fundación Getulio Vargas (FGV).

No obstante, la cuestión fiscal, el principal talón de Aquiles de Brasil, centrará el debate político en los primeros meses con la reforma de las pensiones como eje central.

El proyecto está previsto que sea votado en febrero en la Cámara de Diputados y hasta esa fecha el Gobierno del presidente Michel Temer intenta recabar los apoyos mínimos necesarios (308 de los 513 diputados del pleno), mientras repite como un mantra que de su aprobación depende el futuro del país.

El Ejecutivo cuenta con ella para reducir el crónico y abultado déficit fiscal que ha disparado, ante el desplome de la recaudación, la deuda neta del país, pasando del 30% del PBI en 2013 al 50% de este año.

Pero en el voto a voto de esa reforma, paralizada durante meses debido a los escándalos de corrupción que salpicaron a Temer y a varios de sus ministros, entra en juego este año otro factor: las elecciones de octubre, en las que se elegirá a un nuevo presidente y se renovarán las dos cámaras legislativas.

El propio Temer reconoció que muchos legisladores están reticentes a apoyar el proyecto debido a la proximidad con la cita electoral, algo que estaría condicionando su posición. "La población no percibió la gravedad del problema de la previsión social. Entonces no hay presión sobre los congresistas y además es año electoral", dijo Emerson Marçal, coordinador del Centro de Economía Macroaplicada de la FGV.

De no salir adelante, como lo aprecian los economistas consultados, el Gobierno estudia un plan B para no sobrepasar la meta de déficit fiscal de unos 48.000 millones de dólares por medio de una suba de impuestos o más recortes en la inversión pública.

En este sentido, la recuperación plena de Brasil también guarda un gran condicionamiento al panorama electoral, pues el mercado financiero reaccionará en función del ideario del candidato que tenga mayores probabilidades de ser elegido, según los analistas.

Para el economista Mauro Rochlin, de la FGV, si el candidato favorito "no está comprometido con el ajuste fiscal puede representar serias turbulencias a cortísimo plazo". "Va a contaminar, en primer lugar, el mercado cambiario. El dólar puede estar muy volátil con un impacto sobre la política monetaria, que va a tener que apretarse de nuevo", explicó.

Esos miedos del mercado tienen nombre y apellido: Luiz Inácio Lula da Silva, quien aparece como líder destacado en todas los sondeos de intención de voto con una diferencia aplastante sobre cualquiera de sus adversarios. El expresidente (2003-2010) lanzó duras críticas contra la política económica de Temer y planteó la revocación de algunas medidas si llega de nuevo al Planalto. El antiguo dirigente sindical reiteró su deseo y predisposición a presentarse a los comicios de 2018, pero su candidatura está en manos de la Justicia. Condenado a nueve años y medio de prisión por corrupción en uno de los siete procesos abiertos en su contra, la mayoría relacionados con el caso Petrobras, Lula está a expensas de un tribunal de segunda instancia, que decidirá a partir del próximo día 24 si ratifica o no la sentencia, lo que puede invalidar su candidatura. "Tanto si no se aprueba la reforma de las pensiones como por la situación de Lula, el mercado probablemente va a aprovechar eso para especular. Va a ser un año turbulento", subrayó Marconi.

Agencia EFE

Dejá tu comentario