Café, aceite, harina de maíz, jabón, detergente... En Valencia, una ciudad industrial al oeste de Caracas, tienen plantas de producción importantes empresas de alimentos y otros bienes, pero la lista de los productos más escasos y codiciados es larga.
El pollo es una de las joyas de la corona desde hace varios meses. Por eso es mayor la frustración de Lileana Díaz, recepcionista de la emergencia del hospital de Valencia, de 49 años.
"Llegué a las cinco y media de la mañana y no he podido comprar nada. ¡No puede ser que uno tenga que trabajar y, además, ponerse a hacer estas colas para volver con las manos vacías!", exclamó.
Las mujeres como Lileana son mayoría. Una de ellas contó que la semana pasada hubo personas que saltaron una reja para adelantarse y no respetar el orden. Dice que la Policía tuvo que reprimir para controlar el "zaperoco". Otra mostró un moretón en la pierna derecha y detalla que se lo hizo en la "lucha" por unos pañales.
En las últimas semanas, las filas se volvieron más largas y tumultuosas, especialmente en ciudades del interior como Maracaibo (oeste), Puerto Ordaz (sur) y Cumaná (este).
El economista Pedro Palma señaló que históricamente los gobiernos procuran "minimizar" en la capital "los problemas que están esparcidos por el territorio nacional".
En la entrada de otro supermercado valenciano hay una fila que mide unos 50 metros. "Las bautizamos como 'las colas de la esperanza' porque adentro, en los anaqueles, no hay nada", afirmó Oscar Oroste.
Oroste, cocinero de 53 años, comentó que en el pasado reciente se hacían filas conociendo el producto que podía comprarse. "Ahora la gente está en la cola, pero no sabe qué venderán".
Egné Casano, ama de casa de 28 años que está última en la cola, dijo que en Caracas la situación es "un poquito mejor": "Hace poco fui y vi que hay más oferta".
Pero nadie sabe con exactitud la magnitud del drama. El Banco Central de Venezuela no presenta cifras de escasez desde marzo de 2014, cuando era del 29,4%.
Algunas firmas privadas advierten que el problema, exacerbado por la abrupta caída de los ingresos a raíz del desplome del precio del petróleo, aumentó considerablemente desde entonces.
El humor, la resignación y la rabia conviven en la cola de otro supermercado de Valencia, donde más de 600 personas aguardan bajo un sol inclemente para comprar un kilo de leche en polvo.
Una mujer jubilada, Graciela Durán, consiguió tras cuatro horas de espera: "Hoy tuve un día de suerte. A veces vengo y no llega nada".
| Agencia AFP |


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