Ayer no tuvimos ninguna noticia lo suficientemente significativa como para justificar la suba del mercado accionario. Esto es especialmente cierto si tenemos en cuenta que el Dow terminó la rueda avanzando un inusual 2,82% al cerrar en 10.018,28 puntos. Frente a este vacío informativo y en la necesidad de buscar algún asidero que permitiera inducir la creencia de que la suba llegó para quedarse, algunos se prendieron a la proyección de ganancias que dio State Street Corp, que, justo es reconocerlo, tuvo algo que ver con que el sector bancario estuviese entre lo mejor del día. Decimos algo porque en realidad los papeles financieros vinieron ganando terreno desde antes; de hecho, fueron el motor de la suba de las Bolsas europeas, luego de algunas filtraciones sobre los resultados -positivos- que estarían arrojando los exámenes de tensión (stress test) a la banca del Viejo Continente. Lo interesante de este argumento es que además nos sirve para comprender la suba del euro frente al dólar, la del precio de los commodities y la consiguiente fortaleza mostrada por las empresas vinculadas a esas materias primas. La verdad es que no sabemos cómo viene la nueva temporada de balances. Lo que está claro es que en la medida que más suba el precio de las acciones en los días previos, menos tendrán para ganar cuando comiencen a conocerse los números reales si éstos son mejores que lo esperado, y más tendrán para caer si éstos son desilusionantes. Si alguna conclusión debiéramos sacar sobre lo ocurrido ayer, ésta es similar a la del martes: con un mercado que parece sobrevendido y un volumen apenas normal, lo ocurrido ayer tuvo mucho más que ver con la especulación pura que con una respuesta lógica al futuro económico.
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