15 de febrero 2013 - 00:00

“La falta de acuerdo familiar y social fue mi disparador”

Tras el buen recibimiento de «Argentinien», su opera prima, el dramaturgo Pedro Gundesen ya prepara el estreno de «Vaivén» con dirección de Manuel Iedvabni.
Tras el buen recibimiento de «Argentinien», su opera prima, el dramaturgo Pedro Gundesen ya prepara el estreno de «Vaivén» con dirección de Manuel Iedvabni.
Esta noche se reinician las funciones de «Argentinien», opera prima del dramaturgo Pedro Gundesen que, luego de su gira por todo el país y una exitosa temporada en Buenos Aires, vuelve a la Sala Orestes Caviglia del Teatro Cervantes.

Dirigida por Luis Romero, la pieza transcurre en una desvencijada estación de tren azotada por el frío, la desidia y el aislamiento; hasta la llegada de un nuevo jefe de origen alemán (Alejandro Awada), que pretende imponer orden y progreso a un lugar que ha dejado de ser rentable. Completan el elenco Claudio Rissi, Mimí Ardú y Juan Luppi. Dialogamos con Gundesen, que actualmente trabaja con Guillermo Cacace en un proyecto inspirado en «El matadero» de Esteban Echeverría, y pronto estrenará otra obra, «Vaivén», dirigida por Manuel Iedvabni.

Periodista: ¿Usted volcó en «Argentinien» su experiencia de hombre de campo?

Pedro Gundesen:
Yo soy de Gonzales Chaves, Provincia de Buenos Aires, donde cada acontecimiento menor suena como un eco. Es una zona muy pujante en la que se instalaron daneses y holandeses para dedicarse a la agricultura. Yo mismo soy nieto de daneses que vinieron a la Argentina después de la Primera Guerra Mundial. Son los inmigrantes soñados por Sarmiento, porque le dieron muchísima importancia al progreso económico, al crecimiento personal y a la organización. Pero, para mí el campo nunca fue una cuestión particular, sólo significó mucho trabajo. En algún punto, es ubicarse en un lugar sin estar en ese lugar.

P.: La obra sucede en Arizona, al sur de San Luis, en el año en que estatizaron los ferrocarriles.

P.G.: Es un pueblo rodeado de espinillos y ovejas, donde el mayor empleador era la estación de trenes local. En la actualidad no llega a los mil habitantes. Ubiqué la acción en 1948, durante el primer gobierno de Perón, cuando se nacionalizaron los ferrocarriles, una circunstancia bisagra en la historia de nuestro país.

P.: Pero en la obra es apenas un dato de referencia. Lo importante son los vínculos entre estos personajes que no ven más allá de sus propios deseos y fantasías.

P.G.: Y Romero ha creado escenas muy poéticas y oníricas que coinciden con lo que yo quería expresar. Lidia, Fortunato y el alemán Stefan tienen, cada uno de ellos su propia verdad, su plan a seguir.

P.: ¿El personaje de Stefan está inspirado en algún familiar?

P.G.: En «Argentinien» volqué algunos aspectos de mi universo íntimo. Esas diferencias entre un padre danés y una madre de origen italiano fueron un gran disparador de la obra, relacionado con la falta de acuerdos. Desde mi infancia vi crecer la falta de acuerdo dentro de mi familia como en el plano social. Stefan tiene algo de mi abuelo danés y de un jefe alemán que tuve años atrás, más algunos rasgos que vi a menudo en mi entorno: gente muy antiperonista, que veía a la Argentina como un país caricaturesco. Muchos se han muerto sin entender lo que pasaba realmente, espantados por la falta de orden y de ganas de progresar. Siempre se sintieron ajenos a este país, añorando aquel territorio tan organizado, aunque en su momento no les dio de comer. La generación de mi padre fue la primera en mezclarse y en cortar con las relaciones endogámicas de esa comunidad tan pequeña. Se casó con una argentina de familia italiana, atraído quizás por la piel canela.

Entrevista de Patricia Espinosa

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