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La Fed aclara y oscurece: vuelve la calma, pero se debe conservar el casco
Después de tantas idas y vueltas, ¿qué queda en limpio? Bill Dudley, el presidente de la Fed de Nueva York, vertió un argumento inapelable: la institución, hoy en día, no satisface sus objetivos de empleo e inflación. Se queda "corta" en los dos frentes. Asignaturas pendientes que nadie ignora (la primera, además, fue el motivo para pergeñar el QE3). Si en ese contexto la Fed avisa que planea el repliegue del programa, y Bernanke detalla una ruta de salida sin otras precisiones que sus tiempos tentativos, ¿qué cabe pensar? Bullard explica, en su voto en discordia, que la entidad migró de miras. A la hora de decidir, a partir de ahora, la preeminencia será del calendario y no del estado contingente de las variables económicas (crecimiento, empleo, inflación). Sin necesidad de haber presenciado el debate, es lo que se deduce aplicando el sentido común. Sin embargo, no es lo que dice el comunicado. No es lo que dijo Bernanke. No es lo que afirmó ninguno de los funcionarios que hablaron esta semana. Todo lo contrario. Sin nombrarlo, no hubo declaración que no refutara a Bullard. El gobernador Powell lo subrayó: el énfasis se pondrá en los datos económicos y no en las fechas (la prioridad es "data over date"). Si las condiciones económicas desmejorasen, señaló Dudley, las compras de bonos "podrían continuar a una velocidad mayor y por más tiempo". O sea, el QE3 podría repotenciarse. ¿Entonces? Habrá que ver para creer. Pero la Fed no es inocente. Instaló una incertidumbre donde antes no la había. Si molesta la gestación de efervescencias, la ambigüedad es útil. Jeff Lacker, titular de la Fed de Richmond, y el único que aboga por subir la tasa de fed funds ahora mismo (aspecto que se cuidó muy bien de no mencionar), arrojó una pista. Dijo que Bernanke fue "sabio" en forzar a los mercados a repensar el monto total de bonos que presumiblemente se terminará comprando cuando acabe el QE3. La revisión a la baja es el fruto de la "nueva información" que arrima la Fed. La caída de los mercados, dijo, "no debería sorprender". Lleva razón.
Estabilizar la tasa larga fue el principal objetivo de este pelotón de hábiles declarantes. Lograron su cometido con notable eficacia: el lunes, el primer día que dijeron esta boca es mía, la tasa estableció sus máximos e inició el declive. ¿Se cumplirá el "efecto junio" en los bonos por octavo año consecutivo? La primera parte de la regularidad ya quedó consagrada. La tasa se empinó y estableció un "techo" fácil de discernir. Debería suceder ahora una merma significativa y el tope de tasa perdurar, como mínimo, por lo que resta del año. No será fácil si la Fed mantiene la marca a presión. O si la economía resucita con los bríos que hoy únicamente se observan en el pronóstico-coartada que emitió la institución.
Al final del día, ¿cuál es el mensaje que nos deja la Fed? En esencia, lo que manifestó Bernanke sigue en pie. Ya estamos notificados. De lo que se trata es de ir desarmando, con cuidados de relojero, el QE3. No es inminente ni hay urgencias. Y se suspende por "lluvia". No hay que asustarse, pero sí que bajarse de las palmeras. La respuesta histérica de los mercados, ¿fue una exageración? Sí. Volverá la calma. Pero lo sensato es no quitarse el casco. Es que tampoco hay cambio de planes. Conviene dejarse libre la tarde tras la reunión del 17/18 de septiembre. Si la economía sigue como está (es decir, si el ajuste fiscal no la deteriora) entonces se comenzará a poner manos a la obra. Las caricias del discurso uniforme de esta semana son cortesía de la casa. Nuevos instructivos, ya sin ahorrar signos de crudeza, marchan a vuelta de correo. Deberían arribar en dos semanas cuando se difundan las minutas.


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