- ámbito
- Edición Impresa
La historia del "carnicero de San Andrés de Giles"
Alcira Iribarren, de 63 años, efectivamente había fallecido. Pero no por una enfermedad, sino que había recibido dos golpes mortales con un hacha en el cráneo en su casa de Cámpora 1768, en San Andrés de Giles.
El sobrino, Luis Fernando Iribarren, era quien había dicho lo de la enfermedad. Era el asesino y no tardó en confesar: estaba muy enferma, no soportaba verla sufrir, por eso decidió ponerle fin al dolor. "Quería ayudarla a terminar con su sufrimiento y procedí a asfixiarla pero como no pude busqué otra forma. Recorrí la casa y encontré el hacha. Le pegué dos golpes en la cabeza", le dijo al juez.
Luis Fernando dijo, cuando fue detenido en 1995, que quería mucho a su tía abuela, y que se había convertido en su sostén cuando ella había enviudado. Desde chico se quedaba en esa casa, ya que su familia vivía lejos, en el campo, en un paraje conocido como Tuyutí.
¿Dónde estaban sus padres y sus dos hermanos que vivían en el campo? Primero, él contó que se habían ido a vivir a Paraguay porque tenían una deuda con un prestamista. Fue lo mismo que había repetido durante mucho tiempo, cuando en el pueblo le preguntaban por su familia. Pero después, tras varios titubeos, decidió contarle la verdad al juez de Mercedes Eduardo Costía. Los había matado a todos en 1986 porque "les tenía bronca".
El relato de Iribarren fue escalofriante. Recordó que fue en una noche lluviosa, que se había peleado con su padre. "Salí a la puerta a fumar y pensar como hasta las tres de la madrugada", confesó. En ese momento ingresó de nuevo a la casa rural, donde fue directo a buscar una carabina calibre 22 que utilizaban para cazar vizcachas. "Maldito el momento en el que entré y vi esa carabina", le diría al juez nueve años después.
Primero fue a la habitación donde descansaban Luis Juan Iribarren (49), Marta Langebbein (42) y María Cecilia (9). Los mató a tiros y golpes. Salió nuevamente al patio, donde fumó otro cigarrillo y pensó. Ya había parado de llover cuando regresó a la casa y entró en el otro cuarto, en el que dormía su hermano Marcelo (15), a quien mató de dos disparos. "Como quedó con los ojos abiertos, me senté en la cama, le cerré los ojos y le dije: Negro, ¿por qué te hice esto si yo te quería?", declaró en la indagatoria.
Iribarren, después de la confesión, "jugó con la Policía. Primero les dijo que los cadáveres los había arrojado en un lugar, después en otro, hasta que finalmente les indicó un sector a metros del chiquero, el corral para los chanchos. En una fosa común había enterrado los restos de toda su familia.
En 2002, luego de varias idas y vueltas, se realizó el juicio. Hubo un gran debate, pero los psiquiatras y psicólogos concluyeron que no estaba loco. Lo condenaron a perpetua.


Dejá tu comentario