27 de enero 2009 - 00:00

La inflación en Zimbabwe es de un 1.200% por hora

La sonrisa de un niño zimbabuense cargando 65.000 millones de dólares locales.
La sonrisa de un niño zimbabuense cargando 65.000 millones de dólares locales.
Con una inflación estimada en 11.200.000% anual, Zimbabwe cerró 2008. Algo así como que los precios aumenten más de 1.200% por hora. El informe proviene de las bases de datos de la CIA en Washington, dado que con prácticas casi criollas a lo Guillermo Moreno, el Gobierno de Zimbabwe, liderado -desde 1980- por Robert Mugabe, dejó de difundir el año pasado los índices de inflación. Como si esto fuera a controlar las expectativas inflacionarias de una población que aprendió a convivir con el desabastecimiento, los controles de precios y la avalancha de emisión monetaria.
Semejante tasa de inflación obliga al Banco Central de Zimbabwe a continuar emitiendo nuevos billetes, que se hacen casi inservibles al poco tiempo. A mediados del año pasado, el ente monetario le quitó 10 ceros a su moneda para conseguir que 10.000 millones de dólares zimbabuenses se convirtieran en un dólar estadounidense. Sin embargo, la escalada inflacionaria no da abasto a la máquina de imprimir dinero local. Pronto van a emitir billetes de 10, 20 y 50 billones.
El 13 de enero pasado, el Banco Central ya emitió un nuevo billete cuya denominación es de 50 billones de dólares zimbabuenses y ya se apresta a lanzar el de 100 billones de dólares (en el mercado de cambios informal esto equivaldría a unos u$s 33).
Pero la hiperinflación descontrolada sólo permite que puedan comprar con ese billete unos panes o unas tres naranjas.
Con este nivel de expansión monetaria pretenden facilitar las transacciones comerciales, locales y la escasez de moneda. Sin embargo, esta situación potencia la demanda de moneda extranjera, porque los comerciantes entregan mercadería sólo a cambio de dólares estadounidenses o euros, fortaleciendo el mercado negro de divisas.
Los precios se duplican día a día, y la comida y el combustible son cada vez más escasos. Con las cifras alcanzadas no sólo la vida cotidiana se complica, hasta los sistemas informáticos y las computadoras están siendo afectadas. El propio Gobierno reconoció que las computadoras, las calculadoras electrónicas y los cajeros automáticos de los bancos no han podido soportar las transacciones en miles de millones y billones de dólares de Zimbabwe.
Para los zimbabuenses el trajín diario se asemeja a los alocados días de la híper-Argentina pero con ribetes dantescos. La gente circula por la calle con pilas de billetes en sus manos. Los más elegantes utilizan portafolios y valijas para transportar el dinero que utilizan en sus transacciones cotidianas.
Cómo no sentirse millonario y hasta billonario si se ostenta un fajo de billetes de miles de millones de dólares zimbabuenses. Pero claro, con esas montañas de billetes apenas logran pagar unas hogazas de pan o unos pocos huevos de gallina, o tres manzanas.
Salir a comer con amigos implica no sólo tener un buen abastecimiento de moneda local sino un medio de transporte para efectuar el pago. Desde carretillas hasta baúles son utilizados para llevar el efectivo a la hora de pagar una comida en un restorán. Por eso todo turista o visitante no debería sorprenderse si el mozo le trae una adición de más de 1.200 millones de dólares por una simple cena.
Pero las peripecias del dólar zimbabuense llevan también a que en los baños de hoteles y bares carteles adviertan que sólo se permite el uso de papel higiénico y no de diarios, ropa, cartulina, ni dólares de Zimbabwe.
Al parecer el Banco de Reserva de Zimbabwe no ha tenido problemas en abastecerse de papel luego de que sus principales proveedores europeos aplicaran un boicot a pedido de sus gobiernos. Claro que por otro lado lo irónico es que se reduce el riesgo de falsificación prácticamente a cero.
Al igual que sucedió en la Argentina, la fuente de la híper es el déficit fiscal financiado con emisión monetaria. En el caso de Zimbabwe, el Gobierno reconoce que el déficit fiscal equivale a casi el 40% del PBI (en la Argentina en 1989 alcanzó casi el 10% y fue inmanejable). El titular del Banco Central justificó la emisión billonaria para emprender obra pública en que no afectaba la economía porque se hacía en moneda local.
En marzo de 2008, Mugabe fue derrotado por primera vez en unas elecciones desde la independencia de Zimbabwe de Gran Bretaña en 1980, pero el vencedor, Morgan Tsvangirai, no obtuvo la mayoría necesaria para evitar la segunda vuelta de la que luego no participó. A la crisis económica y política que vive el país que fuera el granero de Africa, uno de los más desarrollados de ese continente y con una riqueza increíble en recursos naturales, se une la epidemia de cólera que ya se cobró más de 2.000 víctimas. Esto junto con la falta de alimentos causa estragos en las poblaciones pobres. Toda una lección para los políticos latinoamericanos con aires dictatoriales.

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